Falacias Populistas
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Argentina es testigo de un debate que mezcla el folclore de la política, la anticipada disputa por el poder de cara a las elecciones presidenciales del 2011 y los temas importantes, los que en realidad deberían ocuparnos en la búsqueda de soluciones.

Una cuestión meramente presupuestaria que tiene que ver con como afrontar compromisos financieros internacionales, desata una nueva disputa con muchas aristas.

Aparece así el regreso de la trillada deuda inmoral. Esa discusión, puertas adentro, que tiene ribetes jurídicos significativos. Tal vez sea algo extemporánea la misión de revisar esto, o quizás haya que hacerlo de una vez, pero para enterrar esa discusión eterna que poco ayuda a la solución del problema. Asumir la deuda, o desconocerla prolijamente por las vías judiciales que correspondan. Importa avanzar en algún sentido, sin empantanarnos en los tramposos vericuetos que nos ofrecen los políticos del pasado.

Aceptada la idea de cancelar deudas, cabría decidir si lo hacemos por plena convencimiento para cumplir con los compromisos asumidos, o solo se trata de una oportunista maniobra para volver al denostado mercado de capitales, ese al que tanto vapuleamos por ser ícono de la timba financiera, la especulación, la usura y el imperialismo de las potencias mundiales y sus intereses económicos. Sería saludable alinear discurso y acción, evitando las contradicciones clásicas de la política local.

Si pagamos por convicción, pues adelante. Si lo haremos solo para vernos beneficiados de que se abran las canillas del nuevo endeudamiento, digámoslo con todas las letras. Tengamos al menos la franqueza de decirlo sin tapujos. Pero no apelemos al falso objetivo del desendeudamiento, cuando en realidad solo pretendemos pagar esta deuda para contraer otras nuevas por idéntico, o mayor volumen.

Es cierto, el oficialismo tiene un plan específico. Necesita más recursos, porque el gasto público está desbocado y en el máximo nivel histórico que el país recuerde. En ese plan por obtener nuevos fondos, esta artimaña financiera de apelar a las reservas del BCRA para cancelar deuda, que posibilite contraer nuevas, resulta una propuesta concreta.

También queda claro que la oposición no tiene proyecto en esto, ni contrapropuesta sería. Al menos no la ha explicitado con contundencia. Pero eso, en si mismo, no valida las patéticas argumentaciones de quienes detentan el poder actual.

Las cuestiones de forma, en una democracia, en una república, no son menores, son parte inseparable de su esencia, y no hay fondo sin forma. Pero aun asumiendo la paupérrima premisa de minimizar la atropellada forma autoritaria de dar pasos en el sentido elegido por los gobernantes, cabria decir que el infantil argumento que intenta igualar reservas con ahorro, es una nueva falacia del populismo contemporáneo.

Los ahorros, son eso, dinero, bienes que se ha separado, guardado, acumulado, para utilizarlo en el tiempo futuro, privándonos del consumo presente. Las reservas, pretenden ser el respaldo de esos “pagares” que andan por la calle disfrazados de papel moneda. Cada tenedor de ese dinero de curso legal emitido por el BCRA, podría presentarse a canjear ese papel sin valor por su equivalente en reservas

Esta idea que plantea el oficialismo de “porque no usar los ahorros de la reserva para cancelar deuda y que nos permita tener nueva deuda a tasas mas bajas”, esconde una brutal falacia, la de igualar ahorros con reservas.

Si el argumento esgrimido fuera cierto, pues cabría preguntarse porque usar no solo esa pequeña parte que nos proponen, sino un poco más, o bastante más. Podríamos cancelar otros compromisos, fortaleciendo la teoría tan simpática del populismo que se ufana de reducir el stock de deuda. Estaríamos desendeudándonos. La respuesta es simple. No se pueden usar esos fondos, porque son reservas, no ahorros. Están para respaldar moneda circulante, y no son un sobrante que nos quedo de los tiempos de bonanzas para vacacionar cuando lo decidamos.

Sin embargo, el poder, pretende que los argentinos entren en ese juego circular, en el que todos los caminos conducen a validar la decisión presidencial. Hasta prometió que si la propuesta opositora fuera superadora sería aplicada. Vaya oportunidad.

No hay que ser un genio economista, ni un brillante estadista para darse cuenta que el gasto estatal en Argentina está disparado y no encuentra límites. Tal vez el camino de solución que el país precisa, no implique apelar a los tradicionales métodos de generación sistemática de gasto público creciente. Quizás podría intentarse romper el circulo vicioso, prescindiendo de la trilogía, nuevos impuestos, emisión monetaria o endeudamiento. Siempre cabe la solución de fondo, esa que ningún sector partidario parece estar dispuesto a enfrentar para evitar caer en lo “políticamente incorrecto”.

Sin siquiera entrar en la discusión acerca de las funciones actuales del Estado, no caben dudas, de que persisten importantes nichos de corrupción estructural por desarticular que se consumen recursos por doquier en cualquier gobierno. Se trata de esos sectores que nunca se desmantelan por ser funcionales a la caja política de turno. Solo se suceden los gobiernos, pero el sistema persiste, subsiste, y nadie parece dispuesto a desarmarlo porque cuando aterriza en el poder, hará uso de esos recursos para financiar la política….. lo que incluye, a veces, al funcionario travieso que nunca falta a la cita.

Además de la corrupción, se suma a la lista, la abominable cifra que el Estado malgasta a diario con empleados ineficientes, recursos derrochados en pésimas gestiones, dinero despilfarrado en tareas irrelevantes, cuando no lujosas, propias de las luces del poder.

Hay mucho para adelgazar del gasto público. Pero para ello, resulta imprescindible eludir la displicente actitud de muchos sectores políticos que minimizan la relevancia de este tipo de dispendio, que resulta demasiado cotidiano. Es que carecen del coraje político del que a veces presumen, para tomar las decisiones necesarias cuando se hacen evidentes dilapidaciones tan obscenas del dinero de los contribuyentes.

No es cierto que no haya propuestas diferentes para pagar lo que se debe. Tal vez, la oposición no sea capaz de articular un proyecto valiente, y siga tan atada como el oficialismo a las funcionales fórmulas que favorecen a sus propios intereses políticos.

Sería sano discutir sobre las funciones del Estado, lo que le toca hacer y bien, y no lo hace. Y también sobre lo que no debería ser parte de su repertorio de actividades y aún lo es. Pero evidentemente el argentino medio no esta dispuesto a discutirlo sin exasperarse. Tal vez todavía no visualice que sus argumentos lineales y emocionales de contribuir con el bien común, le dan amparo a la perversa herramienta que los poderosos han encontrado para hacerles pagar esta fiesta en nombre de la sociedad.

Mientras tanto, no seamos tan ingenuos de aceptar con tanta mansedumbre, los espejitos de colores que nos muestran unos y otros, oficialistas y opositores. Solo intentan marearnos, para que compremos sus renovados argumentos que le permitan seguir manejando una caja que crece y a la que nadie quiere ponerle coto. Solo son eso, falacias populistas.


Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
Skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
03783 – 15602694

Un Comentario en “Falacias Populistas”

  1. Santiago Dice:

    La moneda no tiene respaldo hace como 40 años, Alberto.

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