¿Se hará la luz?
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La crisis energética nacional, y particularmente la que impacta en la región y no oculta sus perjuicios en la provincia de Corrientes, ha pasado a ser tema demasiado cotidiano.

Recorrer los medios de comunicación, las declaraciones periodísticas y políticas de los dirigentes no solo partidarios, sino empresarios y sindicales, sobre la cuestión, muestra una pobreza intelectual en el debate, digna de ser evidenciada.

Se trata de un debate desde la pobreza. Se habla de la ausencia de recursos económicos, pero también hay que decir que existe una orfandad de ideas que pauperiza de idéntico modo.

Aportan a este empobrecimiento de la discusión, técnicos enfrascados en discutir la calidad de la gestión de un sistema que ya ha demostrado su más elocuente fracaso estructural. Digamos solo, uno mas entre tantos.

Pero también se suman a la ausencia de ideas, políticos históricos, debutantes de la actividad partidaria, dirigentes sectoriales. Nada nuevo asoma en el horizonte.

Todo el debate transcurre en relación a la magnitud de los cortes domiciliarios, a la frecuencia de los mismos y a la doméstica discusión en la búsqueda de explicaciones simplistas y lineales.

Tal vez, a estas alturas, tenga poca relevancia mirar demasiado hacia atrás, tratando de encontrar responsabilidades jurídicas, políticas y morales. Es probable que haya que hacer ese ejercicio al solo efecto de no dejar a nuestros hijos el legado de esa sensación de que aquí todo vale y nadie paga por sus errores, pero en todo caso, resulta importante no detenerse en demasía poniendo, tanto tiempo, los ojos en el espejo retrovisor.

Nadie puede rehuir de sus responsabilidades en esto. Todos, los que están, los que estuvieron, los que gobernaron en un rol activo y los que desde sectores minoritarios tampoco aportaron demasiado.

Demasiadas energías ( vaya paradoja ) se invierten hoy en resolver la coyuntura, la cuestión de corto plazo, y no porque ella no lo amerite, sino porque las responsabilidades en la materia, no se agotan saliéndonos de la patética situación actual.

Esta no es mas que la irremediable, y hasta esperable y predecible, consecuencia de una secuencia interminable de decisiones desacertadas, omisiones con conocimiento de su impacto, e ignorantes previsiones en la materia.

Pero frente a lo tan evidente, de cara a lo que para los correntinos no es una circunstancia inhabitual y forma parte de nuestra tradición en materia de consumo y condiciones climáticas, todo hace pensar que el año entrante seremos más correntinos con el consiguiente incremento del consumo que supere al presente

Ni hablar de los ampulosos planes de desarrollo que la provincia viene recitando hasta el cansancio, que precisan, como requisito ineludible, al menos de energía para los procesos productivos, en cantidad, en calidad, y con la distribución y frecuencia adecuadas.

Frente a ese escenario cabe pararse de un modo diferente, con alguna anticipación, con cierta proyección de futuro, para proveer de las soluciones, ya no del corto plazo, ya no de esas que solo se hacen para evitar las quejas de una sociedad hastiada de tanta mediocre mirada sobre los temas trascendentes.

Pero, la situación nos obliga a superar ese terreno, y mirar hacia delante. Todo lo que no resolvamos hacer en estos meses, no servirá demasiado para el próximo verano, para el siguiente pico de consumo, que cualquier proyección pesimista ubicará por arriba de los niveles actuales.

El debate debe ser abierto, amplio, plural. Corrientes debe animarse a discutir TODO lo que sea necesario en la materia. Sin prejuicios, sin condicionantes de ningún orden. Las soluciones tradicionales, mesiánicas y simplistas, seguramente solo pueden ser un parche en esta historia y nada de lo estructural podrán resolver.

El sistema colapsa, pero fracasa en todos sus tramos. No se trata solo de disponer de dinero, de recursos. Ni siquiera es cuestión solo de negociar eficientemente con el poder central de turno. No alcanza solamente con una inteligente gestión de la distribución.

El tema es grande, complejo, y el debate debe, forzosamente, acompañar esta dinámica sino quiere caer en errores diagnósticos que nos coloquen nuevamente en el mismo lugar. No se trata solo de inversiones, gestión, capacidad y honestidad. Eso es solo una parte del asunto, y en la medida que no comprendamos la profundidad del tema, nos asisten pocas oportunidades.

Corrientes debe animarse al debate pendiente. Habrá que discutir si todo el peso de la inversión debe ser de orden público, o si el sector privado puede ser protagonista o acompañar parcialmente en este delicado proceso.

Será importante discutir uno de los temas centrales, el que tienen que ver con el monopolio de la Dirección Provincial de Energía, para saber si es capaz por si misma de aportar soluciones eficaces e inteligentes en esta historia. Habrá que atreverse a discutir si la magnitud de los costos operativos de nuestro ineficiente sistema público no son demasiado elevados, con excesiva carga de personal y procesos débiles e ineficientes, frente a un servicio que requiere, cada vez más, de otros componentes.

Será tiempo de incorporar a la temática, con coraje, sin prejuicios ideológicos, la cuestión del rol de las cooperativas y empresas privadas eléctricas locales y regionales, que han demostrado, en muchos casos, mayor versatilidad, mejor prestación, y una austeridad propia de las empresas eficientes y no de los pesados elefantes públicos, con usuarios que no registran cortes y que pagan un servicio mucho mas económico.

Habrá que animarse a discutir con que recursos financiar la inversión pública. La indigna solución de mendigar por los despachos oficiales nacionales, no puede ser la única variante a contemplar. ¿ Endeudamiento ? ¿ Reasignación de partidas ?. Todas las alternativas, o una combinación de ellas podrían contemplarse. Tal vez la ciudadanía merezca el oportuno desprendimiento de un Estado Provincial en crisis que sea capaz de resignar su voracidad habitual para limitar sus gastos superficiales, esos que pululan en cualquier administración, allí donde no se precisan.

No hay que esquivar los temas de fondo. Los responsables gremiales, siempre listos a la hora de reclamar cualquier dinero que exceda a los gastos corrientes para aumentos salariales, deberán hacer un llamado a la responsable reflexión, si es que esta cabe en su mirada provincial. Sin desarrollo no habrá sustentabilidad, y sin está el conflicto salarial público pasará a ser rutina.

Habrá que ver si la política se atreve a ponerle el cascabel al gato, para hacer cirugía mayor frente a la inmoralidad de los “colgados”, esa casta que permanece intacta, a la que nadie se anima a abordar, que se consume, según los expertos, mas del 40 % de la energía disponible, encareciendo “solidariamente “ el costo de los “contribuyentes correntinos responsables” que terminan subsidiando a los “pobres” colgados y al monumental e ineficiente sistema público.

Hay mucho que revisar. Demasiado que discutir. No lo debe hacer solo el gobierno. No se trata de una medida de coyuntura. Es cuestión de empezar a pensar en décadas, y para eso se precisa del máximo consenso que la política posibilite, pensando en lo que le tocará a los mandatos actuales y también a los futuros.

Esta discusión es imprescindible. Precisamos despojarnos para ello de las habituales mezquindades, de las avaricias del poder, de la chicana cultural, para ponernos a trabajar en firme en el objetivo de un Corrientes tenga la oportunidad de hacer ese click que nunca parece llegar.

Corrientes necesita una clase dirigente a la altura de las circunstancias. Las generaciones futuras no solo castigarán a los dirigentes por sus errores y omisiones, se ocuparán también de responsabilizar a una sociedad, a una comunidad de ciudadanos que ha sido cómplice imprescindible de la discusión ausente. Que se haga la luz.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
Skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
03783 – 15602694

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