Hacerse cargo de Ferrugem
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Se llevan invertidos extensos espacios en los medios de comunicación en relación a este tema. Se ha dicho y escrito mucho, lo suficiente, pero nadie está interesado en analizar demasiado el tema de fondo. Los que amamos Corrientes estamos especialmente sensibilizados por lo sucedido.

El tema tiene muchas aristas, un veraneo en Brasil, jóvenes ( no tanto ) que han viajado buscando salir de la rutina, la pelea, esa importante pelea, alguien que perdió la vida, otros defendiendo su dignidad, unos pocos que no logran mostrar una cuota de coraje adulto asumiendo las responsabilidades de sus actos, esos padres, casi todos, en la difícil tarea de cumplir su rol como mejor pueden, y otros buscando justicia, esa que suele tardar y no siempre llega. Todo esto forma parte del paisaje actual, el de cada jornada.

Párrafo aparte se merecen los medios de comunicación nacionales, esos que no siempre informan y que pretenden jugar su propio partido, intentando contar la historia desde la ingenua caricatura de los buenos y los malos. Algunos de esos medios parecen estar en cuestiones mas superficiales que la justicia, con dudosas campañas cuyo fin es demostrarle al importante mercado de veraneantes argentinos en Brasil, que mas bien vale la pena quedarse por aquí a pasar los días de descanso ( obviamente gastando dinero ) por estas latitudes, antes que emprender el camino al “peligroso“ país vecino.

La figura de los “ hijos del poder “ se parece bastante poco a la realidad, y es solo una muestra mas del reduccionismo en que a veces caen los irresponsables de formar e informar. La lista de sospechados ya la hemos leído varias veces. Se trata de hijos de personas que forman parte de esta comunidad, muchos de ellos trascienden por su actividad publica o profesional. Ser conocidos no los hace demasiado diferentes y no debemos caer en la tentación de prejuzgar que eso por si mismo los haga culpables, ni inocentes. Para eso están las leyes, la justicia, sus conciencias y Dios.

Existen muchas cuestiones opinables, pero un de ellas ya no están en discusión. Hubo violencia y como consecuencia, un muerto. El resto es casi anecdótico para el futuro de la sociedad. Nadie puede hoy devolver esa vida humana, ni dar suficiente consuelo al sufrimiento de los padres de Ariel Malvino. Tampoco nadie podrá evitar que los culpables de esta muerte cumplan su pena, porque mas alla de la fuerza de la ley y de las instituciones, en las que aun debemos confiar, lo cierto es que el castigo, de una u otra forma, ya se ha iniciado. Debemos pensar, eso si, que existen probablemente varios inocentes pasando por momentos innecesariamente desagradables y los padres de todos ellos, en la incesante busqueda de la mejor manera de acompañar a sus hijos, muy a pesar de lo sucedido.

No intentemos ser jueces, no nos cabe ese rol. Detengámonos, mas bien, en el análisis mas profundo en el que pocos han recalado seriamente en estas semanas.

Por qué ha pasado esto ?. O es solo casualidad ? La violencia y la muerte son aliadas naturales y esto no se puede ignorar. Alli donde vive una esta sobrevolando la otra. Es probable que este hecho puntual tenga algunas circunstancias que sean parcialmente accidentales. Fuertes golpes, una desgraciada caída ? Quien sabe. Es posible. Lo concreto es que hubo violencia, de esa que parece haberse puesto de moda, que muchos pretenden asumir como natural y que no debemos justificar de manera alguna.

La riñas, las golpizas, la violencia, parecen ser parte de una cotidianeidad que no queremos ver. Ya no se trata de una pelea casual en la defensa de los derechos o de la integridad física propia, sinó una practica permanente de la intolerancia mas primitiva. Las diferencias de cualquier tipo parecen justificar actos violentos. No nos engañemos, la violencia hoy es transversal, no es patrimonio de ricos o de pobres, pero si lo es de una generación o tal vez mas de una.

Nuestro escenario es éste, lo es en todas partes, no nos tapemos los ojos, Sucede en la “Recoleta” correntina y en las bailantas, en los barrios y en las calles. Sucede en Corrientes, en Brasil ( demasiadas veces protagonizada por argentinos ), en el Chaco, en la costa atlántica, en el Gran Buenos Aires o en Capital Federal.

Muchos de esos actos de violencia se ven acompañados por la cómplice cooperación del alcohol, los energizantes y , porque no, las drogas. Pero a no creer que estas son las causas, son solo las consecuencias y no debemos estúpidamente pretender cambiar las cosas por el final, sino por el principio.

Las generaciones que han incorporado esta particular y violenta forma de comunicarse, son los hijos de los padres argentinos que han pasado buena parte de sus vidas transitando por cotidianos hechos violentos o han heredado culturas como esas, donde la razón se impone por la fuerza, donde el autoritarismo fue y es la regla.

Venimos de historias no tan lejanas donde el mero hecho de pensar diferente fue justificación suficiente para colocar bombas en los hogares, secuestrar, saquear, desaparecer personas y torturar con los recursos del Estado para erradicar el mal.

Es esta sociedad donde las circunstanciales mayorías matemáticas de nuestra infantil democracia favorecen abiertamente, compulsivas expropiaciones de ahorros, desplazamientos inducidos de funcionarios y designaciones de dictadores o corruptos disfrazados de demócratas.

Somos la sociedad del piquete, de la ruta cortada, de las plazas que imponen, de la extorsión para conseguir lo que sea, siempre amparados en protecciones estatales, y de la imposición de nuestra voluntad a otro, solo porque se cree ser el dueño de la verdad.

Esta sociedad es la de los perversos monopolios que presionan, la de los sindicatos que “paran“ cuando quieren, para IMPONER lo que sus mezquinos intereses mandan.

Nuestros hijos, los de esta sociedad, son los hijos de ESA historia y les enseñamos, sin querer tal vez, que esta es la “civilizada” ley de la selva, que el pensamiento ajeno no merece ser escuchado, ni valorado, y que el nuestro debe ser impuesto, por las buenas, o por las malas, casi a cualquier precio.

Vivimos en el reino de la intolerancia, y claro nuestros hijos creen que ESE es el modelo. Es hora de reflexionar. No solo los chicos, no solo los padres, ESTA sociedad debe HACERSE CARGO DE FERRUGEM. Si no conseguimos que la tolerancia, el respeto y el amor sean el norte de nuestras vidas, es muy poco probable que nuestros hijos dejen de expresarse violentamente. La sociedad tiene su responsabilidad por aceptar que estas sean las reglas y por no intentar luchar por sus verdaderos valores. Por eso, tambien somos responsables.

Ariel murió en vano ?, o sera el icono de un cambio en esta sociedad cuyos hijos creen que la violencia y la intolerancia es una válida forma de comunicación ?. Sera la muerte de Ariel, como lo fueron el caso del conscripto Carrasco, o la mismísima tragedia de Cromagnon, una oportunidad para que reflexionemos sobre que pretendemos para nuestra sociedad y de que forma debemos empezar a educar a nuestros hijos ?.Ojala que si, porque de lo contrario, la muerte de Ariel Malvino, habrá sido en vano, y ni siquiera nos habrá legado esta oportunidad de hacernos cargo.

Alberto Medina Méndez - 03783 – 15602694
amedinamendez@gmail.com
Corrientes – República Argentina

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