Consejo de la Magistratura. Dale nomas, dale que va…
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Finalmente el oficialismo obtuvo el pretendido apoyo legislativo para conseguir un modelo de Consejo de la Magistratura casi a la medida de sus pretensiones. Estaba previsto que así sucediera. No podemos sorprendernos por ello.

La Justicia es hoy, sin dudas, la pata mas débil de nuestra aun inmadura República. Siempre se ha dicho, que con una Justicia politizada, poco transparente, y cuya independencia está puesta en duda permanentemente no se puede construir una genuina división de poderes.

Y es cierto, las democracias fuertes, esas que ya no aceptan los embates de tiranos populistas ni de dictadores con apoyo de las urnas, se sostienen sobre la base de una aceptable división de poderes, donde cada uno de ellos, mas allá de sus circunstanciales intereses políticos, defienden las instituciones de la República por sobre cualquier mezquina ventaja.

Muchos creen que los abusos del poder en nuestro país, son obra de políticos ambiciosos con afanes de perpetuidad o de demagogos con aspiraciones de poder hegemónico.

Se ha criticado y mucho a los poderosos de turno y, en algún punto, es correcto afirmar que tienen una importante cuota de responsabilidad en este constante debilitamiento de las instituciones.

Pero me parece que seguimos eludiendo responsabilidades sino decimos que el problema de estas democracias no pasa por las desmedidas, y hasta humanas, ambiciones de sus ocasionales líderes sino por la ausencia de una cultura capaz de establecer límites a esos abusos.

No tenemos conciencia republicana, ni somos poseedores de adecuados anticuerpos ante la agresión institucional, no sabemos defendernos cuando el sistema está en peligro y además, como agravante, ni siquiera somos capaces de construir oposiciones serias, con autoridad moral y maduras para que contrapesen el sistema.

La oposición, los partidos políticos, las organizaciones que luchan por la consolidación de los derechos individuales y el sostenimiento de la democracia como forma de vida, tienen mucho que aprender. Los partidos no son solo instrumentos que permiten ofrecer a la comunidad potenciales candidatos a cargos electivos, deben ser el equilibrio y ofrecer a la gente soluciones inteligentes y creativas para contener los impulsos de eternidad de los personajes mesiánicos que nuestra partidocracia siempre nos provee con generosa variedad.

No alcanzan, los encendidos discursos, ni las elaboradas solicitadas en los diarios, mucho menos aun las reuniones de intelectuales, ni las discusiones de café, o esas acartonadas disertaciones académicas. Hay que bajar al llano, hay que aprender que la democracia es de la gente y por eso se precisa de apoyo popular ( no electoral ) real y concreto. Los ocasionales ocupantes del poder formal no le temen a los intelectuales, ni a los académicos, ni siquiera a los medios de comunicación, mucho menos aun a los opositores. Solo respetan a la gente. Y lo bien que hacen.

De eso se trata la democracia, de eso se trata la República. Tiene que ver con ese juego que mezcla poder, equilibrio, garantías, crítica, diversidad, mayorías y minorías, derechos y deberes.

Tenemos instituciones MUY parecidas a las de las llamadas democracias sólidas que tanto elogiamos, pero nos diferencia de ellas algo mucho más trascendente que sus reglas, leyes y constituciones.

Lo realmente distinto en nosotros es que somos inmaduros para defender la institucionalidad del sistema. Alguien cree que estos “abusadores del poder” no deambulan tambien por esas latitudes donde la Republica es la base del sistema ?. No nos equivoquemos, allí tambien existen ambiciones, y muchas, tambien deliran los que creen que los aplausos son sinónimo de poder eterno. La diferencia es que esas sociedades NO aceptan, por cultura democrática, por madurez cívica, la posibilidad siquiera de que los “personajes” se apropien parcialmente de la Republica. Es por eso que no prosperan los perversos proyectos que intentan concentrar el poder en pocas manos. A veces ni siquiera asoman a la luz pública por que saben a ciencia cierta que caerán irremediablemente en saco roto

Corrientes es una de las tantas provincias que parece orientarse hacia una reforma constitucional. En la agenda de la nueva Carta Magna provincial se destaca la conformación de un Consejo de la Magistratura que pretende ser la nueva solución para brindar transparencia y equilibrio a una justicia provincial que lamentablemente no escapa a la regla general.

Es difícil ser optimista al respecto cuando vemos claramente cual ha sido la actitud abrumadoramente mayoritaria de nuestros legisladores nacionales respecto de la reciente ley aprobada en el Congreso. Tampoco estimula demasiado el comportamiento tibio de una oposición de unos pocos dirigentes locales que no han podido darle trascendencia alguna a su posición.

Es hora de reflexionar acerca de lo que le pasa a nuestra democracia. Hay que dejar de quejarse de la visión autocrática de los poderosos de turno y empezar a trabajar duro y en serio, porque si no aprendemos del equilibrio que precisa la República, sino entendemos que a veces se debe decir que SI, y otras veces es preferible decir que NO, y que los limites adecuados son la garantía máxima del sistema, no tendremos que lamentarnos solo de que la justicia no sea independiente, sino que luego, cuando menos nos demos cuenta, habremos perdido muchos derechos que se vienen deteriorando dia a dia casi inexorablemente. Es probable entonces que hayamos tambien dejado pasar una oportunidad mas de madurar como sociedad. Como dice la sabiduría popular de Cambalache, “dale nomas, dale que va”.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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