Las carnes. Esa lógica tan Argentina
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El Poder Ejecutivo Nacional ha confirmado su decisión de suspender las exportaciones de carne vacuna por 180 días. Se han expresado públicamente sobre esta cuestión, funcionarios y hombres del campo.

Se han agregado nuevas cuestiones en la semana apostando siempre a intimidar al mercado con declaraciones desfavoreciendo el consumo y opinando sobre cómo debería comportarse el mismo.

Desde el poder político se ha intentado justificar una y cada una de las decisiones. Se argumenta que la prioridad es el consumo interno y lograr la disminución de los precios locales que no encuentran aún su techo. Por el lado de los productores se habla del impacto que tendrá esta medida en las inversiones ganaderas. Se apunta a la imagen internacional, a la posible caída en los negocios y en los puestos de trabajo que se perderán en toda la industria.

Se han mencionado los abusos en los precios de las carnes que no muestran mejoras en el mostrador. Tambien que el sector es uno de los pocos que no ha “ acordado” con el Presidente en lo que hace a la necesidad de contener la inflación.

Preocupa lo que se resolvió. Aparece como “otro” evidente acto de demagogia por parte de nuestros gobernantes. Suena simpático reeditar la pelea de un Gobierno con la corporación oligopólica del campo argentino. Es solo una nueva edición de la vieja disputa de retóricas populistas contra el campo.

Tambien pueden resultar criticables las actitudes de los ganaderos cuando hablan de las perdidas de mercados y empleos como el centro de la atención, o cuando plantean que AUN existen espacios para el dialogo intentando cuestionar solo la oportunidad de las medidas.

Lo cuestionable no pasa necesariamente por las acciones de unos y otros. Lo observable son las metodologías. Los precios NO se acuerdan. No se puede pretender dólar artificialmente alto, con precios convenientes internacionalmente y que no tengan impacto en el país. Lo que sucede es consecuencia de lo que hacemos. Todas las experiencias de intervenir los mercados terminan mal. Inflación, quiebras, desabastecimiento, desinversión desempleo, son solo algunas posibilidades. La historia es repetida, y la Argentina la conoce MUY bien porque la ha vivido decenas de veces.

Es hora de quitarse una careta bastante gastada. El gobierno puede conseguir una rápida disminución de precios internos. Parece sencillo, solo hay que disminuir impuestos y todos los argentinos gozaremos con mayor facilidad de ese derecho legítimo sobre el que muchos políticos intentan convencernos. Pronto podríamos disponer de ese plato de carne en nuestras mesas. Los precios tienen componentes. La importancia de los impuestos ya no se puede discutir. Ese valor se lo lleva el Estado en todas sus formas. La Nación, las provincias, los municipios participan de esto a través de nuestro nefasto sistema de coparticipación. Valdría decir que hay que dejar de gastar en exceso. Tendríamos que descartar esta COSTOSA forma de hacer política anunciando grandes obras, clientelismo a mansalva y toda otra práctica que permite utilizar recursos públicos para fines tan poco transparentes como claramente inútiles. La receta es bastante mas simple que una suspensión de las exportaciones, pero claro para eso falta un coraje diferente al de la simple retórica. Habría que abandonar el manejo de una caja pública abundante, esa que permite el trabajo electoral y que da tranquilidad y seguridad al poder.

Los exportadores deben dejar de buscar espacios para la negociación con el poder de turno. Se trata de dedicarse a lo que saben. Su tarea esta en el campo y no en las oficinas de los funcionarios. Hacer un país productivo es una difícil gestión ,pero requiere de emprendedores, de empresarios responsables, preparados para asumir riesgos, no de lobbistas pseudo profesionalizados.

Esta preparado hoy el territorio para que los protagonistas secundarios de esta historia ( productores y gobierno ) se sienten a esa mesa donde se discute cosas poco claras. La lista incluye beneficios especiales, prorrogas o reducción de plazos, especificaciones técnicas que explicarán que cortes se deben incluir. Será el tiempo de los subsidios a los trabajadores, las retenciones negociadas, los privilegios y los acuerdos. Obviamente, nada de esto formara parte de la información a la que accederemos los ciudadanos, los verdaderos protagonistas. No vale la pena que nos enteremos como se acordó reestablecer “esta” armonía. Nos tendremos que contentar con ver un kilo de carne que no suba de precio y productores felices por retomar sus ventas al exterior. No merecemos saber más después de todo. La foto mostrará al gobernante fuerte que impuso su actitud en defensa de la gente y a los comprensivos propietarios de las vacas, accediendo a las necesidades de la sociedad. La verdad, la verdad no importará demasiado.

En estos días, se ha cuestionado al gobierno por sus decisiones. Tambien a la actitud inflexible de los productores. Es probable que el problema no se encuentre allí. Después de todo, unos y otros actúan de acuerdo a esta lógica TAN Argentina. No tranquilizan las decisiones arbitrarias que hemos observado en estas semanas, pero mas aun preocupa, el aval que por acción u omisión ha entregado buena parte de la ciudadanía de esta Nación que aprueba esta forma de dirimir conflictos. No es posible que después de tantas historias de corrupción, de acuerdos a espaldas de la sociedad, de negociaciones poco transparentes, sigamos favoreciendo desde la opinión pública esta manera de hacer las cosas.

Los argentinos queremos comer carne y tambien ser exportadores, pues eso tiene solución. No se trata de un gobierno fuerte con productores humillados. Eso genera “negocios” para algunos y malos resultados para los mas. Existe otro camino. Un Estado menos voraz en su recaudación de la que tanto se ufana, y productores listos para competir fuera y dentro del país, tratando de bajar sus costos para ofrecer el mejor producto al mejor precio, y olvidándose de los pasillos de las oficinas públicas.

No nos enojemos más de la cuenta con el Gobierno. Mucho menos aun con los productores. Ellos NO son la causa del problema, son la consecuencia de una ciudadanía que quiere comer carne, pero no entendió aun que para eso no hace falta un Estado que “acuerde”, ni que “imponga”, solo es preciso una sociedad libre donde el Estado se meta menos y la sociedad mas.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes-Argentina

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