La resignación de los propietarios del poder
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Es casi una rutina escuchar a diario hablar de lo que nos pasa como sociedad. El gobierno, el poder económico, local, nacional y mundial son los blancos preferidos. El ser humano por estas latitudes, con mas fuerza que en muchos otros lugares del planeta, ha optado por un rol descriptivo donde comenta entre sus pares lo mal que estamos, los valores que nos rodean y que hemos perdido, las experiencias negativas de una comunidad que cada vez mas se corrompe y de pseudo - poderosos que nos gobiernan desde la política a la educación, desde la economía a cuanto campo de acción nos importa.

Parecemos haber elegido el camino de desresponsabilizarnos e imaginar que todo depende de OTROS, de los que manejan el mundo, incluyendo nuestras vidas.

Es una actitud ligera. Supone que la realidad es externa, sobre la que no se puede influir y que es impuesta por seres humanos privilegiados que tienen la “manija”, que pueden controlar a la sociedad e imponer sus propias visiones.

Suena mágico. Nos coloca a todos como dominantes o dominados. Esa posición de débiles y oprimidos les sienta extremadamente cómoda a muchos. Pretende encontrar justificación acerca de porque no se han logrado metas personales, junto a esa larga lista de errores propios. Otras veces, simplemente pone un manto de piedad sobre la falta de compromiso activo con la sociedad.

Después de todo, resulta mas sencillo explicar porque los demás nos oprimen, nos obligan a hacer lo que no queremos, aceptando reglas de juego indignas, que aceptar nuestras propias falencias y temores de afrontar con convicción las disconformidades y jugar un rol netamente constructivo para que ese presente comience a modificarse.

La sociedad, la comunidad toda, cada uno de nosotros, tenemos la oportunidad de cambiar la historia. Es una oportunidad y no necesariamente una responsabilidad. El proceso no es sencillo. Es innegable. Quienes hoy detentan circunstancialmente el poder, deben saber que lo tienen “ a préstamo”. Actitudes intimidantes de pocos y la MASIVA complicidad de esta sociedad que aun no entendió que es la legitima propietaria de las decisiones, conforman un escenario tan frustrante para tantos como funcional a ciertos intereses de minorías que viven el sueño de un PODER que no tiene contacto con la verdad.

Llevar adelante el cambio no es gratis. Implica compromiso, exige dedicación, pasión, esfuerzo, esmero. Casi nada importante en la vida se suele obtener por arte de magia. Ya deberíamos haber aprendido que lo mesiánico, esto del super-héroe, es una creencia tan infantil como probadamente perverso.

Sin embargo, muchas veces, esta sociedad apuesta al líder, al nombre, al hombre, a ese que cree tener el abanico de las soluciones justas que toda la comunidad espera para dejar de ser dominada. Esa historia, casi siempre termina mal.

La lucha puede parecer despareja, inequitativa, compleja. En buena parte de los casos lo es. Pero si pretendemos dejar de lado la queja, esa permanente sensación de insatisfacción y ponerle una cuota de esperanza a las generaciones futuras, será entonces el momento de empezar a trabajar con mayor compromiso con la sociedad y con nosotros mismos.

Tal vez no lo hayamos percibido, pero los propietarios del poder somos nosotros, somos los individuos que conformamos esta sociedad. Solo debemos ASUMIRLO. Hacer el duelo y dejar de lado esa parodia de oprimidos, vencidos y aplastados, y hacernos cargo del protagonismo que nos exige nuestro rol de ciudadanos, y esa ya impostergable tarea de dejarle a nuestros hijos un legado de esfuerzo, de lucha por el progreso y la busqueda de su camino personal.

El trayecto es duro. Es infinitamente mas incomodo que el de la caricatura de las ovejitas dominadas.

Supone tener ideas, argumentar, convencer y consensuar. Todo eso es difícil porque implica obtener acuerdos, escuchar, proponer y encauzar. No se trata de imponer, sino justamente de aportar ideas convocantes, discutirlas y lograr consensos.

Los desafíos son muchos. Casi todos pretendemos vivir en una sociedad justa, llena de posibilidades, terminar con los privilegios, desarrollarnos en libertad y aprender a tolerarnos en la siempre desafiante tarea de ser feliz

Parecen objetivos casi utópicos. Lo lamentablemente trágico es que pocos se animan a intentar recorrer ese camino de construir un futuro posible. Hemos caído en la ingenua trampa de creer que son luchadores los que forman parte de la cultura piquetera que se agota en el corte de ruta y sus equivalentes cotidianos. Ellos no luchan, solo pretenden imponer sus ideas con métodos tan ineficaces como ilegítimos y autoritarios.

No se trata de pelear contra los molinos de viento, sino de la tarea de recorrer, a través pequeñas conquistas, el sendero de la recuperación de nuestros valores mas elementales, los que tienen que ver con el derecho a la vida, a las libertades individuales, a disfrutar plenamente de los frutos del trabajo y al de la busqueda de la felicidad.

Dicen que un ex líder de su tiempo decía en su idioma, que no era el nuestro, “ que tu nieto no te pregunte nunca, donde estabas y que hacías el día que se perdió la libertad”.

La clave radica en seducir, convencer, acordar. Tenemos muchas coincidencias, pero aun no hemos vencido esta funcional ideología que nos coloca como víctimas pasivas. Tomemos las riendas de nuestras vidas y ofrezcamos a nuestros hijos un futuro mejor, brindando el mas digno ejemplo, el de no resignarnos.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Argentina

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