Ser el dueño de si mismo
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Estamos asistiendo en estos tiempos a un renovado debate sobre el uso del propio cuerpo. Nuestra provincia no es la excepción a la regla.

Vasectomía, ligadura de trompas y otros asuntos que rozan estas cuestiones han pasado a ocupar espacio en las noticias. Los poderes públicos empiezan a fijar posición y los medios se hacen eco de ello. Los estrados judiciales se ven en la necesidad de resolver situaciones específicas. Los legisladores mientras revisan la cuestion de fondo desde sus bancas.

La discusión implica abordar estos tópicos apelando a muchos puntos de vista. Desde lo moral a lo religioso, desde lo jurídico a lo político.

Ligarse las trompas para evitar nuevos embarazos, recorrer el camino de la vasectomía para no seguir procreando, forman parte del fuero mas intimo de cada ser humano. Se trata de su cuerpo. Son siempre actitudes opinables, criticables o elogiables, pero en todo caso forman parte del ámbito personal que se rige por una escala de valores sobre las que ningún otro ser humano tiene derecho a establecer limites de manera alguna.

Estos casos no involucran situaciones cuyo ejercicio de la libertad impacte sobre los derechos de terceros, sino sobre el cuerpo propio. Se trata simplemente de ser dueños de si mismos. Esto siempre conlleva responsabilidad.

La preexistencia de normas jurídicas al respecto deja muchas veces atados de pies y manos a quienes tienen la obligación de ser los responsables de la aplicación de la ley. Su margen de maniobra solo les permite “interpretar” alli donde la norma no es concluyente, alli donde la letra fría de la ley, o la eventual ambigüedad de la misma, deja resquicio para esa visión superadora que contemple el caso puntual, dando a su vez lugar a jurisprudencia para el futuro.

No se tienen certezas acerca de como enfocaran sus decisiones los legisladores que se encuentran abocados hoy a este debate en el recinto.

Sí nos permitimos opinar acerca de ese sector de la sociedad que pretende erigirse en rector de los destinos de los individuos, evaluando quienes si y quienes no, cuando si y cuando no.

Aprender a respetar las decisiones no compartidas, a entender que los patrones morales no son universales y que los seres humanos tenemos derecho a equivocarnos, siempre que hayamos tomado las decisiones en el marco de una libertad con responsabilidad, es parte del ejercicio de la convivencia en sociedad.

Nadie debe arrogarse el derecho a decidir por otro ser humano. Mucho menos aun, cuando el vehículo es la fuerza de la ley. Esa ley que impone la moral aritmética de una democracia que cuenta votos, sumando legisladores y que usa esa circunstancial supremacía para decir que es lo que esta bien y que es lo que esta mal.

Cuando hablamos de cuestiones que impactan solo sobre cada uno, no hay lugar para discursos “pseudo-morales” que pretenden decidir sobre la integridad física y ética de otros. Los argumentos que esgrimen quienes se sienten con autoridad a elegir por los demás, no contemplan la diversidad y el respeto por las libertades mas elementales.

Las intenciones pueden ser las mejores, pero no es suficiente. Esto se agrava cuando esta visión esconde un prejuicio que supone que algunos no tienen inteligencia, educación o siquiera derecho a decidir por si mismos. Se olvidan de la igualdad ante la ley. La igualdad no es solo para votar, se trata también de la igualdad a la hora de tomar de decisiones.

Quien paga las decisiones individuales.

El siempre desordenado debate en nuestro país, a veces pretende mezclar, cuestiones morales con económicas, temas religiosos con ideológicos.

Estos temas donde un hombre pretende la vasectomía, o una mujer la ligadura de trompas, forma parte de la libertad individual, de la conciencia moral de cada uno, del conjunto de creencias y de la responsabilidad personal con la que se abordan este tipo de cuestiones.

Lo que no se puede hacer es pretender que esta decisión individual la financie el Estado. A veces se confunde el ejercicio del derecho con la obligación de otros a financiarlo.

Nuestra sociedad tiene un debate pendiente acerca de las responsabilidades del Estado, de sus límites, de sus áreas de incumbencia. Existe en estos tiempos, y mucho mas aun en la Argentina de esta década, una ideología por la que el Estado debe ocuparse de casi todo, y esto lo hace responsable de hacerlo y de “pagarlo”.

No caeremos en el recurrente lugar común de que cada centavo gastado por el sector público proviene de quienes aportan sus impuestos. Si recordaremos que cuando un ser humano toma una decisión personal, debe hacerlo con la responsabilidad que ello implica. Ante todo evaluará lo que tiene que ver con sus posibilidades concretas de lograrlo y para ello debe saber si esta dispuesto a soportar los costos que involucra su decisión.

Pretender que la sociedad toda “ financie” su decisión a través de la coercitiva práctica de la recaudación de impuestos es tan inmoral como cuando ciertos ciudadanos desean evitar su decisión por cuestiones morales que le son ajenas.

El hombre es libre de elegir y debe hacerse cargo de lo que significa, de lo que cuesta y de sus consecuencias. Nadie debe impedírselo. El Estado no tiene nada que hacer al respecto. Su misión se agota en respetar en el marco de la libertad las decisiones individuales que no generen perjuicios a terceros.

Ser el dueño de si mismo es el desafío. Requiere una exacta mezcla de responsabilidad individual y tolerancia colectiva.

Alberto Medina Mendez
03783-15602694
amedinamendez@gmail.com
Corrientes – Argentina

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