El boleto. Esperando que pateen el tablero
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El transporte público de pasajeros otra vez en el centro de la escena. Luego de meses de discusión, estamos parados donde se podía prever. Discutiendo el valor del boleto. Viendo como negociar el incremento por mejoras en el servicio, por mas frecuencia, por mejores vehículos. Triste y predecible el papel que juegan hoy los protagonistas de esta historia.

Es evidente que a la clase política le preocupa la suba del boleto. Los usuarios, organizados o no, detestan también la idea del aumento. La historia se repite. Políticos que no entienden la música en combinación con empresarios que pretenden privilegios, sin competir ni esforzarse porque el mercado los elija.

Personalmente creo en las loables intenciones del intendente capitalino y de su equipo de colaboradores. Ellos no quieren aceptar la suba, lo dijeron cuantas veces pudieron en público y en privado. “Que lo vamos a estudiar”, “que la comisión de análisis” y acá estamos, viendo CUANTO tendremos que aceptar en la negociación para ver si conseguimos alguna mejora a cambio de un aumento que se viene inexorablemente.

De los empresarios del transporte no se puede esperar mucho. Los mas ( no todos ) están en la onda de sacar provecho de argumentos tan obvios como inexactos. Los sindicatos pasaron a ser una pieza cómplice que defiende intereses tan corporativos como los de usuarios organizados o empresarios agrupados.

La Argentina de las corporaciones, la del lobby, la de la presión mediática, la de las reuniones poco transparentes y fundamentalmente la de los privilegios escritos en una norma inconsulta, tiene hoy en Corrientes, en esto del transporte público de pasajeros, una expresión renovada de sus prácticas más detestables.

Los meses pasaron. Todo sigue igual. Con suficientes promesas y un escenario donde muchos concejales ya están dispuestos a votar demagógicamente por el NO al aumento del boleto, mientras otros presumen cierta intelectualidad diciendo que lo pensaran, y algunos con alguna cuota de dudosa resignación, ya están preparados para dar el SI al aumento.

Los dirigentes políticos tienen responsabilidades y entre ellas, está la de pensar en variantes, ofrecer soluciones, salirse de las estructuras, de lo que aparece como obvio y revisar desde cero todo, apuntando a lo que la sociedad le pide. Es imprescindible para ello olvidarse de las corporaciones. No se puede legislar para todos cuando se privilegian intereses sindicales, cuando se quiere evitar que los empresarios se ofendan, o se pretende recibir el aplauso de los medios de comunicación que operan para sectores particularmente interesados en el resultado de esta corporativa negociación.

Ahora claro, hay que tener el coraje de hacerlo, hay que animarse a patear el tablero, a barajar y dar de nuevo, a romper con las estructuras tradicionales de un sistema que le ha mostrado a esta ciudad y a tantas otras que fracasa, porque los usuarios no están conformes, porque los acuerdos se derivan de reuniones poco transparentes y porque las concesiones tienen un viciado nacimiento que nadie se anima a revisar por temor a encontrarse con explicaciones que pocos quieren dar.

Hay que terminar con las concesiones en el transporte publico de pasajeros. Es preciso acabar con los tramos cedidos monopólicamente, con trazas arbitrariamente diseñadas por quien sabe que funcionario para favorecer a empresarios que armaron a medida su negocio, con clientes cautivos. El municipio no tiene que ser socio de la concesión. No es su responsabilidad y no debe hacerlo. No esta para eso.

El servicio de transporte público de pasajeros debe ser resuelto por el mercado, como sucede en la media y larga distancia, con servicios de diferente calidad y precio. La gente debe ser la que seleccione cuantos operadores, con que frecuencia y de que manera deben prestar el servicio.

Ya sufrimos bastante a los iluminados funcionarios que nos dicen cuantos colectivos deben ir a cada barrio, en que horarios y con que frecuencia, como deben ser los asientos y de que manera deben movilizarse estos coches.

Conocemos la historia, muchos papeles, para que luego la concesión diga una cosa y lo único que se cumpla sea el precio del boleto y el monopolio regulado concedido a espaldas de la sociedad.

Démosle competencia al servicio y sucederá lo mismo que en otras experiencias del transporte publico. Multiplicidad de prestadores, variedad de precios y servicios, frecuencias y cuanto se nos pueda ocurrir. No necesitamos funcionarios iluminados ni empresarios lobbistas diseñando negocios a su medida. Lo que si necesitamos es gente que crea en la gente, en la capacidad de los usuarios para exigir al mercado que le brinde soluciones. No queremos usuarios golpeando las puertas de las oficinas municipales solicitando sanciones a empresas. Queremos un mercado capaz de proveer soluciones, con pocos requisitos para que compitan todos y no solo los que cumplen retorcidos pliegos de condiciones de una concesión hecha claramente para puntuales grupos de buscadores de privilegios.

El almacenero, el carnicero, el plomero, el que vende panchos, el del puestito de venta de ropas, el comerciante y cuanto ser humano se gana el pan dignamente lo hace en la busqueda del favor de una sociedad que lo elige, un comprador que le dice que su producto es bueno, barato, que encuentra algún atributo en él y por eso lo selecciona. No le firmaron una concesión, un privilegio, un monopolio avalado por algún funcionario. No tiene garantía alguna mas que las que le ofrece su esfuerzo cotidiano. Asi se gana la vida, dignamente, peleando en el mercado, luchando muchas veces con él mismo para brindar un excelente producto, un buen servicio, de la mejor manera posible, con puntualidad, con dedicación, con muchas horas de trabajo, a buen precio. Debe lidiar diariamente para no quedarse fuera del mercado. Para no tener que abandonar esa actividad que le permite alimentar a sus hijos con la dignidad del que se sabe capaz de lograrlo. Tenemos muchos y buenos ejemplos de ello en la comunidad toda. A veces no lucen, no salen en los diarios, pero son ese costado de la patria digna que todos queremos rescatar.

Pues bueno, a los empresarios del transporte, a los que son parte de los sindicatos, a los funcionarios públicos, es tiempo de pedirles lo mismo. Que se animen a patear el tablero. A los políticos les toca la responsabilidad de dar el puntapié inicial y demostrar que su imaginación va mas alla que el modelo de las concesiones, imperante durante décadas en esta ciudad. Los empresarios no deben asustarse, si son buenos, si saben como es el negocio y prestan un servicio eficiente, seguramente los usuarios los van a elegir y no tendrán que negociar precios del boleto en las oficinas publicas. Sino son capaces de satisfacer a los usuarios pues entonces todo este tiempo han sido solo una construcción producto de esta anacrónica concesión. No debemos negociar el precio del boleto, debemos terminar con la perversa concesión que nos trajo hasta acá, con muchas insatisfacciones y que no nos promete para el futuro nada de lo que debamos enorgullecernos.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes - Corrientes - Argentina

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