La autocrítica de los políticos
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Es bien sabido que las generalizaciones implican definir a todos cuando en realidad solo pueden pretender conceptualizar a unos cuantos, apuntando, en el mejor de los casos, que sea a los mas.

Los políticos, la clase política como le gusta decir a algunos, la dirigencia política como señalan otros, esta bastante desprestigiada.

Alguna gente supone que esto ocurre solamente en nuestro país. En realidad, sucede en buena parte del planeta. Es probable que en nuestra nación su imagen sea peor aun.

No es la intención de esta pieza periodística generar animosidad contra la imprescindible tarea política, esa que una sociedad civilizada necesita como sano ejercicio para desarrollarse en comunidad.

La política es necesaria. Por eso es importante recuperarla como actividad y todos esperamos algo mejor de quienes han tomado la responsabilidad de asumirla como profesión.

Algunas cuestiones de la política cotidiana, de hechos recientes, siempre posibilitan ensayar una visión que puede explicar, al menos parcialmente, algo de este ganado y renovado desprestigio.

Los ciudadanos, los votantes, los que esperamos algo de la democracia, tenemos asumidas varias cuestiones que lamentablemente se confirman cada tanto. El político no dice lo que piensa, no hace siempre lo que quiere, mucho menos lo que promete, prioriza las consecuencias electorales de sus decisiones, por sobre la equidad o la justicia de las mismas, no hace autocrítica, se une a sus peores adversarios solo para alcanzar sus metas personales, le da mas importancia a sus conveniencias circunstanciales que a sus propias convicciones, reniega del clientelismo pero día a día lo ejerce con la misma pasión que dice aborrecerlo.

Esto es historia conocida, y los argentinos, como tantos habitantes del mundo, esperamos ese ser diferente, ese político capaz de cumplir con su promesa, de sostener sus convicciones aun cuando no le convenga, de pagar costos políticos para darle sentido a su palabra, de priorizar su vocación por sobre sus propios intereses personales o los de sus circunstanciales lideres.

Muchas veces nos preguntamos como razonará el político frente a estos debates que la vida nos plantea a diario a los mortales. Como sostener las convicciones frente a las decisiones cotidianas. Como hacer lo que sentimos, cuando eso puede no convenirnos. Que hacer cuando nos arrepentimos. Que decir cuando nos equivocamos.

Esta claro que los seres humanos tomamos decisiones acertadas y otras tantas veces nos equivocamos. Lo que nos diferencia a la mayoría, de esta “clase” especial de personas es justamente eso; los rasgos de humanidad.

En nuestra vida cotidiana, enfrentamos situaciones en la que la toma de decisiones es imprescindible. La posibilidad de elegir nos genera sensaciones diversas, desde satisfacción a duelos por la pérdida. El ejercicio racional de decidir supone renunciamientos o confirmaciones, y es importante asumir ello como tal.

Los políticos tienen una innumerable lista de acciones que los alejan de las conductas humanas habituales. Es probable que esta sea la explicación mas cercana para justificar el porque de tanto desprestigio.

Pensamos acaso que sucedería si los políticos desde mañana prometieran y cumplieran ?, Que ocurriría si asumieran decisiones en función de sus convicciones a riesgo de que eso los perjudique electoralmente ?. Que pasaría si fueran capaces de hacerse públicamente una autocrítica cuando tomaron decisiones equivocadas y compartir estas cuestiones con sus votantes ?. Es posible imaginarse a los políticos revisando sus posiciones, es decir asumiendo que cambiaron de opinión y explicar transparentemente porque sucedió ello ?.

En definitiva, es muy irracional pedir políticos que se comporten como seres humanos ?

Creo que una actitud mas autocrítica, menos especulativa; mas espontánea y menos simulada; mas principista y menos tribunera, podría permitir el nacimiento de otra forma de hacer política. Es complejo afirmar que esta sería mejor que la actual, pero de lo que podemos estar seguros, es que “esos políticos” estarían mas cerca de la gente a la que pretenden representar.

Ojala podamos intentar ese camino. Políticos que prioricen sus convicciones. Políticos que sean capaces de explicar porque cambian de opinión. Por que en campaña prometen algo y hoy dicen no tener alternativa. No esta mal cambiar de idea, lo que es tremendamente inmoral, y suma al desprestigio, es esta actitud de no explicar el “cambio de visión”. No parece mucho pedir.

Alguna vez sucederá esto. Alguna vez la tan bastardeada “clase política” entenderá esa frase atribuida a Lincoln que en una de sus tantas versiones difundidas decía “Se puede engañar a uno toda la vida. Se puede engañar a muchos durante algún tiempo.
Pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo”

Ese producto prefabricado de intentar ser lo que no se es, siempre termina mal. Quien no es “integro”, “honesto”, “eficaz” y por sobre todo “humano”, no resistirá demasiado tiempo fingiendo lo que no es. Ser rechazado por lo que se piensa duele. Seguramente es mas indigno ser descartado por lo que no se piensa.

Los consultores, asesores, aduladores y el famoso “entorno”, siempre recomendarán eso que parece mas redituable “electoralmente”. Aquel que sienta la política como vocación, debe llevarla adelante. No hay que temer tampoco de rodearse de gente que lo oriente. Solo hay que resistir la tentación de convertirse en ese personaje que no se es. La autenticidad puede traer problemas, indudablemente, pero pretender ser lo que nunca seremos, seguramente, nos convertirá en lo que no somos.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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