El Estado. El que mucho abarca…
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Las demagógicas ideologías que demandan del Estado un rol ambicioso y protagónico han empujado al mismo a dejar de lado sus mas elementales funciones.

Se discute y mucho acerca de los roles del Estado, sobre todo de aquellos que tienen que ver con su cada vez mas controvertida participación en la economía cotidiana.

Resulta bastante complejo hoy poner en tela de juicio el hecho de que todos exigimos que el Estado se ocupe de brindar Seguridad y Justicia.

Tal vez sea bueno hacer algo de historia y recordar los orígenes conceptuales del Estado. Es bueno saber que esta es una construcción humana que se deviene de su desarrollo como sociedad y que no forma parte de proceso natural alguno.

El Estado es el producto de una necesidad. Esta tiene que ver con garantizar la seguridad de los individuos. El Estado nace de la renuncia de los individuos a tomarse la justicia por mano propia, cediendo el monopolio del uso de la fuerza. De eso se trata, en definitiva, la Civilización.

Jhon Locke decía que “todo hombre nace dotado de derechos naturales que el Estado tiene como misión proteger: fundamentalmente, la vida, la libertad y la propiedad “.

Nadie duda que en la agenda cotidiana de los argentinos, la seguridad y la justicia ocupan el primer lugar. Solo es cuestión de ver como hemos modificado nuestros hábitos en cada jornada.

Como muestra sirve un botón. Solo hay que mirar como nos conducimos por la vida a diario. Desde como caminamos por la calle mirando a nuestros lados, el lugar donde estacionamos el auto, la moto o la bicicleta, como y donde llevamos el dinero, los nuevos horarios y modos para salir a la calle o para regresar a casa, los consejos que le brindamos a nuestros hijos y amigos respecto de a que cosas prestar atención, como salimos después de cobrar nuestro salario del banco o de donde fuere.

Los ejemplos son múltiples y, lamentablemente, cotidianos. La ausencia de seguridad y justicia han impactado fuertemente sobre nuestra forma de ser. Construimos una sociedad desconfiada, descreída, con las defensas siempre en alto, esperando lo peor, dispuestos a que otros nos arrebaten los bienes propios, cuando no la vida.

En cualquier encuesta que pretenda ser seria aparece el tema de la inseguridad como el de mayor preocupación para los argentinos. En otros tiempos solo era tema de ciertos sectores sociales, hoy resulta ser una cuestion que atraviesa a toda la comunidad. Preocupa a pobres y ricos, a las ciudades y al campo, a los jóvenes y a los ancianos, a hombres y mujeres.

Nadie queda exento de esta temática. Estos temas siempre están presentes en la conversación familiar. Cuando esto no ocurre, los titulares de los medios de comunicación se toman la tarea de recordárnoslo. Pareciera que ya nada nos sorprende demasiado. La violencia nos rodea en todos los ámbitos. Esto tampoco es noticia.

El protector por excelencia de nuestros derechos como ciudadanos es y debe ser el Estado. Todos sabemos bien que ha sido tremendamente ineficaz a la hora de erradicar la violencia. Tampoco ha podido luchar con alguna cuota de éxito para disminuir el impacto de los delitos mas rutinarios.

No tenemos ni seguridad ni justicia. No al menos la que pretendemos.

Sin embargo nuestro Estado se dedica a intervenir manipulando los mercados, emitiendo moneda irresponsablemente, o simplemente fijando precios. Tenemos un Estado que reestatiza empresas, compra participaciones en ellas e interfiere en cuanta actividad económica no le simpatiza o no se ajusta a sus siempre discutibles criterios.

Tenemos dirigentes políticos que discursean sobre la integración sudamericana, que prefieren luchar con la prensa y piensan en candidaturas aunque ellas estén aun alejadas en el tiempo. Superpoderes, obra pública, reformas constitucionales, son solo parte de la reiterada agenda política de esta Nación. Sucede en el Estado Nacional, pero tambien en las provincias y en cada ciudad.

Mientras tanto la inseguridad no descansa. Los criminales no dan tregua. Los delincuentes no se toman vacaciones. El delito, la violencia merecen una lucha inteligente. La sociedad precisa librar una dura batalla contra este mal que hoy ataca en todo el planeta, pero especialmente en nuestro país.

De que vale que las “mentes públicas mas brillantes” se ocupen de cuestiones secundarias, cuando lo que esta en juego es la vida, la libertad y la propiedad.

La discusión ideológica acerca del tamaño y las funciones del Estado puede esperar. Mientras tanto podríamos ocuparnos como sociedad de esas vidas que se pierden cotidianamente como consecuencia de actos delictivos, criminales y de situaciones evitables.

Pretendemos un Estado que se ocupe esencialmente de aquello para lo que fue creado, de esos temas que NO podemos los individuos resolver sin organizarnos, sin fijar reglas de convivencia en libertad. La seguridad y la Justicia, de eso se trata. La Justicia no funciona como pretendemos. Muchas veces llega tarde, otras veces ni eso. El esfuerzo de jueces esta presente, pero evidentemente la Justicia necesita aggiornarse y esto es una prioridad de la que no parecemos estar ocupándonos, al menos no lo suficiente.

En definitiva el Estado corre el riesgo de caer en una gran trampa, por aquello de que “el que mucho abarca…“

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes – República Argentina

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