La oposición. Mas vale malo conocido que bueno por conocer
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A estas alturas parece bastante predecible una renovada victoria electoral en el 2007 del presidente Kirchner y sus seguidores. Más alla de quien sea finalmente el candidato presidencial lo que cuenta es que el oficialismo cuenta con un indiscutible respaldo popular. Las encuestas lo dicen, la sensación generalizada lo confirma.

Las críticas que recibe el primer mandatario tienen que ver fundamentalmente con su limitado respeto por la libertad de prensa, las cada vez mas vulneradas instituciones republicanas, un poder político progresivamente concentrado y un estilo personal autoritario, tanto del mismo Presidente como de sus más cercanos colaboradores.

Se suman a esta lista de cuestionamientos al oficialismo, la controvertida estrategia de alineación internacional, el habitual discurso de confrontación contra diversos sectores en una permanente busqueda de nuevos enemigos y la siempre criticable visión de un Estado protagonista en el manejo de la economía, vía control de los mercados en todas sus áreas.

Quienes conducen los destinos del país presentan muchos flancos. Desde lo institucional a cuestiones económicas y de estilo de comunicación.

No existen dudas que ese cono de ÉXITO económico y de recuperación que rodea la leyenda gubernamental ha hecho mucho para que todos los costados negativos sean minimizados por la sociedad. Hace acordar esto a lo que nos sucedió a los argentinos durante el primer periodo presidencial de Carlos Menem, cuando la triunfante estrategia antiinflacionario que permitió recuperar la moneda, la sensación de estabilidad económica y el regreso del crédito, nos hizo creer a todos que se venia lo mejor mientras el gasto publico y el endeudamiento aumentaban, fijando las bases de lo que seria luego la previsible crisis que todos conocemos.

Si todas estas críticas que se pueden plantear al oficialismo son tan evidentes, cabría preguntarse como resulta posible que no se logren instalar en la sociedad con la preocupación que merecen en términos de futuro del país.

La culpa no es del chancho… Una oposición incapaz de ofrecer alternativas serias frente a tantos puntos débiles, es la explicación que resulta más evidente.

No se puede competir electoralmente contra un personalismo mesiánico tan absoluto como el que propone el oficialismo contraponiendo OTROS personalismos. Los partidos de la oposición centrados en figuras políticas de discutible liderazgo y carisma personal no tienen futuro alguno. Proponen más de lo mismo. No se puede cuestionar el autoritarismo ajeno cuando no se practica la democracia interna, ni la tolerancia y se organizan listas a dedo. Resulta difícil hablar con autoridad de pluralismo, tolerancia y respeto por las ideas diferentes cuando en el seno de sus propias organizaciones políticas no son capaces de practicar un mínimo de amplitud de ideas.

La hipocresía, el doble discurso de ciertos sectores de la oposición resultan moneda corriente. Posiciones tibias, discursos demagógicos tan populistas como los que se critican, declaraciones de compromiso que no se ajustan a las reales convicciones muestran un dirigencia temerosa de expresar sus ideas, de defender con firmeza sus visiones con un exceso de respeto por los prejuicios de una sociedad interesada por el debate pero que no encuentra propuestas“diferentes”.

Las siempre confirmadas practicas políticas modernas, el clientelismo siempre presente, la ausencia de combate contra las prebendas de la vida política, sus privilegios y el tácito apoyo a la perversa mecánica electoral vigente ( listas sabanas incluidas ) son otra muestra mas de la indiferenciada forma de hacer las cosas que paradójicamente identifican tanto a oficialistas como a opositores.

El respeto por las opiniones divergentes, la tolerancia y esa amplitud esperable de los representantes públicos no es precisamente la mayor virtud del oficialismo. Lamentablemente la oposición no da muestras de algo diferente cuando desde posiciones soberbias se colocan en pedestales que nadie legitimó. No hay propuesta de debate abierto ni estimula a la crítica de la prensa libre.

El crecimiento económico actual es ofrecido a la sociedad como el triunfo de decisiones económicas acertadas. La oposición, aun sabiendo del frágil sustento que amparan a algunos indicadores económicos, se esconde detrás de tibias declaraciones publicas que no van al fondo de la cuestion. No se cuestiona el modelo sino solo, y a veces, los modos de orientar la economía desde las esferas gubernamentales. En definitiva, un matiz muy similar al de la actual conducción, por lo tanto mas de lo mismo.

Es cierto que el sector gobernante juega con muchas a su favor. Un contexto internacional favorable de crecimiento económico mundial y cierta necesidad social de conseguir una revancha en términos de credibilidad, apostando al futuro. La oposición mientras tanto, se debe hacer cargo de la responsabilidad de no ser diferente, de no convencer a muchos de que, lo que estamos viviendo, no nos lleva por buen camino. Si no lo logra, no es porque la gente no es inteligente, sino por sus propias falencias, su ineficacia e incapacidad y por esa falta de coraje de hacer lo correcto. Dejar de lado las especulaciones electorales y abortar los proyectos personalistas son probablemente una parte de ese recorrido.

No se le puede pedir grandeza al oficialismo con una oposición que no aparece como modelo de algo superador.

La sociedad no percibe las diferencias. Resulta razonable alli donde parecen evidentes ciertas similitudes. La oposición no hace nada demasiado distinto. La gente no tiene porque creer tanto en lo que se dice, como en lo que se hace. Ser coherente es el desafío de una clase política que se expone a diario al juicio de la opinión pública. Si las “FORMAS” de la oposición son parecidas a las del oficialismo no se puede responsabilizar a la sociedad por elegir bajo el criterio de “mas vale malo conocido que bueno por conocer “

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes-Corrientes-Argentina

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