La inseguridad y el debate que nunca llega
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Aun se escuchan los comentarios que se generaron a partir de las movilizaciones que convocaron diferentes sectores de la sociedad en torno al tema de la inseguridad.

No resulta razonable discutir a estas alturas la legítima preocupación que esta instalada en la sociedad toda. No existe encuesta en la que esta cuestión no aparezca como el principal tema de interés de los argentinos. Hace mucho tiempo que dejo de ser solo una cuestión de algunos sectores sociales. No decimos nada nuevo si afirmamos que la problemática es transversal e impacta en cada ciudadano, sin distinción de edades, ciudades, o posibilidades económicas.

Lamentablemente el análisis de la temática sigue carriles habituales en la Argentina. Nos quedamos en cuestiones domesticas. Eso explica en buena parte porque no estamos encaminados a la solución de este y otros problemas.

Tenemos gran inclinación por agotarnos en la anécdota. Las intenciones del presidente, el acto del funcionario piquetero, las aspiraciones políticas de Blumberg, su perfil cercano a la mano dura, los políticos que adhirieron, los que no, la participación de un Premio Nobel de la Paz, las declaraciones de unos y otros, los funcionarios que minimizan la cuestión, los que se ufanan del esfuerzo que se viene haciendo, el paradójico operativo de seguridad montado para evitar la inseguridad que convoca las concentraciones, los inconsistencia de algunos pretendidos lideres sociales que se acordaron de los derechos humanos de los ciudadanos algo tarde, son solo una pequeña muestra del anecdotario que rodea a la cuestión, y que no va al fondo.

Pareciera que a los argentinos nos falta inteligencia para discutir sin agredirnos, sin caer en la trampa de descalificar las ideas, según de quien provengan. Nuestra intolerancia patológica es la que explica porque no abordamos los problemas buscando soluciones posibles.

La problemática de la inseguridad es tal vez la mas compleja que enfrenta hoy nuestra nación. No se trata de leyes mágicas. No se resolverá con una ley, ni un conjunto de ellas. Falta mucho tiempo para quitar las rejas de nuestras ventanas, resta mucho tiempo para dormir con la puerta sin llave como alguna vez fue.

A no hacerse ilusiones. La dirigencia política toda, oficialismo y oposición, no tienen soluciones a la vista. La sociedad no las tiene. Solo sabe lo que no quiere.

Articular soluciones inteligentes, precisa de debates. Lamentablemente tenemos poca gimnasia en esto. Pensamientos contradictorios que aun no han sido procesados y que precisamos resolver para dar pasos firmes.

Queremos leyes duras e inflexibles que manden a la cárcel por mucho tiempo a los delincuentes, pero no tenemos prisiones suficientes para albergar a esos delincuentes. Por otro lado nuestras cárceles no están alineadas con el pensamiento de nuestros constituyentes. El articulo 18 de nuestra máxima herramienta legal dice “ Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice “

Lo cierto es que hoy nuestras cárceles, distan de estas consignas y muchas veces, aun sin pretenderlo, se han convertido en un ámbito donde los delincuentes no solo no consiguen prepararse para una reinserción natural a la sociedad, sino que se perfeccionan y reinciden como consecuencia lógica de una sociedad que los margina y solo le cierra las puertas. El resultado de esta ecuación la conocemos y no es satisfactoria. No sabemos que hacer con la cuestión penitenciaria

Tenemos una conflictiva visión de las edades de imputabilidad. Por momentos un menor de 15 años nos parece una tierna criatura, y en otros se asemeja a un delincuente desprovisto de códigos. No sabemos que hacer con la edad de imputabilidad de los menores.

Mano dura o defensa de los derechos humanos. Queremos una fuerza policial fuerte con normas inflexibles, pero al mismo tiempo renegamos de cierta impunidad de los que ejercen la fuerza que hemos delegado sin reparos. No sabemos que hacer con esto.

El juicio por jurados nos resulta una figura atractiva, pero tememos la siempre vigente sensación de corrupción que posibilite manipular la selección de los jurados. Este tema tampoco sabemos como abordarlo.

El uso de las drogas y el alcohol en los mas jóvenes, se lleva otro párrafo de este tema. No tenemos claro como enfrentar esta epidemia social. Ni siquiera manejamos un diagnostico adecuado de lo que nos sucede. Caímos en esa trampa. Los hijos de esta generación buscan refugio en recursos que los alejan de la familia y los acercan a la delincuencia.

Hemos entrado en el juego de antinomias que no nos convocan a la sana discusión. Solo nos dividen y desnuda nuestra propia realidad. Una sociedad amante de las rivalidades. Nos gusta vernos de un lado o de otro. No nos seduce coincidir con unos u otros. Las figuras que rechazamos no merecen coincidencia alguna, aun cuando tengan razón.

Difícil formula la que buscamos. Resolver este problema, como tantos otros, requiere de consensos, y de la imprescindible actitud de sentarnos a la misma mesa.

Ningún gobernante tiene la receta. Eso esta demostrado. Ni siquiera existe voluntad de sumar ideas para resolver la problemática mas dura de estos tiempos. Por ahora nos entretienen las anécdotas superficiales de esta historia. Debemos saberlo. Importa aceptarlo: mientras el debate no llegue, no tenemos chance alguna de encaminarnos a la solución.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes – Argentina

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