No todo lo que brilla es oro
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La derrota electoral del intento reeleccionista misionero, ha dado paso a mucho análisis sobre el hecho y las probables consecuencias políticas.

Muchos argentinos, y no solo la evidente mayoría de los misioneros, hemos vivido la jornada en la que Rovira enterró sus aspiraciones hegemónicas, como un hito, una esperanza y una primer batalla que muestra otro escenario de caras al futuro.

Esta claro, a estas alturas, que una combinación de soberbia, exceso de confianza y una burda jugada electoral, que a la luz del resultado, demostró una importante cuota de ingenuidad política, han sido el coctail adecuado para que Rovira no obtenga su ambicionada reelección.

Articulistas y políticos, se han subido eufóricamente a análisis simplistas, lineales y llenos de pasión, pero ausentes de sentido práctico y contexto respecto de lo ocurrido.

Es peligroso caer en la trampa de creer que perdió en Misiones, el clientelismo, el asistencialismo, la vieja dirigencia y las mañas de esa forma de hacer política que muchos dicen detestar, pero que avalan en diferentes convocatorias sociales y electorales.

Acompañaron a los ganadores de ese domingo, a ese pueblo que decidió con dignidad ponerle frenos a los abusadores de siempre, muchos de los exponentes de la vieja política, dirigentes que recostados en prestigiosas figuras sociales supieron, con inteligencia, camuflarse detrás de ellos para pasar inadvertidos.

Sumaron votos a los ganadores, oportunistas del oficialismo que se quisieron asegurar que el actual Gobernador, no tenga chances jurídicas de seguir en el ruedo, pero que son y han sido, constructores de este poder provincial del que hoy tantos se espantan.

La legión triunfante muestra una heterogeneidad que le ha permitido aplastar las aspiraciones del circunstancial líder local, pero de ninguna manera puede proyectarse con consistencia la llegada de esa coalición que gobierne en el futuro.

Cuidado que “no todo lo que brilla es oro”.

En Misiones, se dio una combinación que permitió mostrar una oposición decidida, que supo ocultar sus costados más débiles y aprovechar al máximo esta torpe ingeniería electoral que convirtió una votación en un plebiscito, con un oficialismo dividido por mezquindades personales.

Sin dudas, al Presidente, este resultado no lo deja bien parado. Se ha constituido en un llamado a la reflexión respecto a proyectos reeleccionistas y hegemónicos.

En este punto, se ha dado un paso institucional importante, demostrando que no se puede hacer “cualquier cosa”. Es sano que eso suceda, que todo tenga su límite y que los mas poderosos no crean que esto es “llegar y quedarse”.

Es significativo señalar que Kirchner no perdió. Muchos de sus seguidores aparecieron sumándose a los triunfadores para evitar que Rovira pueda prolongar su paso por el poder formal y quedar así como los candidatos potenciales de la sucesión K misionera.

Creer que esto es el comienzo de la caída del poder presidencial es caer en una simplificación extrema. Ojala fuera tan fácil. No se trata solo, como dijeron algunos analistas, de encontrar una figura como Piña.

Articular una oposición seria, con proyectos, capaz de ser percibida por la sociedad como una verdadera alternativa es mucho más que encontrar un nuevo “personaje” de la política para suceder al actual.

Si queremos sustituir al modelo que nos propone el presidente precisamos bastante mas que estas circunstancias misioneras. No hay que desmerecer lo sucedido en Misiones. Puede ser un punto de inflexión. Pero no se trata simplemente de replicar aquello.

Los argentinos debemos desterrar de “NUESTRAS prácticas “ como votantes, esto de entronar “lideres mesiánicos”. Mientras sigamos practicando este perverso juego de girar en torno a la aparición de EL SALVADOR, solo estaremos haciendo lo que ya conocemos, rotando entre carismáticos que siempre pretenden usar eso que les permitió llegar, para sostenerse en el poder.

Nos falta recorrer aun aquello de discutir ideas. Todavía no hemos pensado en torno a proyectos con debates. En algún momento votaremos ideologías por encima de hombres cuyos principios se mueven según discutibles conveniencias circunstanciales.

Por ahora, lo de Misiones deja mucha tela para cortar. Abre esperanzas y demuestra que con voluntad se puede. Al menos un grupo de argentinos ya sabe lo que NO QUIERE. En algún momento, sabremos lo que realmente queremos.

Cuando superemos nuestras propias contradicciones, será tiempo de dar el paso siguiente. Lo cierto es que perdió Rovira, no podrá ser reelecto como Gobernador. Surgió una sociedad capaz de frenar proyectos hegemónicos. El presidente seguramente estará tomando nota de lo sucedido. La oposición debe ser cauta en sus análisis y no caer en eufóricas conclusiones.

Se ha dado un gran paso. Pero cuidado. No todo lo que brilla es oro.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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