Una caricatura de la historia
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Los argentinos tenemos una marcada inclinación por simplificar los hechos que construyen nuestra propia historia nacional.

Un conocido programa televisivo pretende contar caprichosamente los sucesos de otras décadas. Este ciclo mediático no ha inventado nada nuevo. Se trata del deporte nacional de adjetivar todo cuanto se refiere a nuestros circunstanciales líderes. Se lo hace siempre según el prisma que se decide colocar, prejuicios mediante. La indisimulada carga ideológica con la que los relatores eligen minuciosamente los segmentos que aportan datos que abonan a sus creencias, se torna muy burda.

El pretendido perfil científico de la producción periodística esconde en realidad una tribuna para contar una caricatura de la historia Argentina. Quienes se consideran profesionales de estas ciencias saben mucho mas de esto que lo que se puede decir en estas líneas.

Esta versión de “Neurus e Hijitus” donde algunos son “buenos” y otros son “malos” esta absolutamente alejada de la realidad. Los seres humanos no podemos ser definidos tan sencillamente. Al menos no en forma absoluta. Nuestros presidentes de otros tiempos, los de estos mas cercanos, ningún hombre en general, se ajusta a esta parodia de historia. Nadie es tan bueno, ni tan malo. Tuvimos próceres que honraron ese apelativo. Otros, tal vez, no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Lo cierto es que cada uno de ellos, han cometido errores y aportado logros. Juzgarlos desde una perspectiva tan lejana y, al mismo tiempo, privada del contexto que solo cada época puede brindarnos es faltar a la verdad.

Sin duda alguna, se puede tener opinión política e ideológica acerca de cada suceso. Vale la pena tenerla. Solo se debe evitar caer en la trampa de convertirnos en las tiernas víctimas de los manipuladores. Ellos, pretenden ungirse como iluminados propietarios de la verdad. A veces, incluso consiguen hacernos dudar.

El método científico parte desde la información y obtiene una conclusión. Los farsantes de la ciencia histórica, los perversos que usan retazos de ella para difundir sus propias visiones, recorren el camino inverso. Arrancan concluyendo que tal o cual referente nacional es elogiable o criticable, para luego tomar aquel hecho que sirve a sus fines.

Es sencillo calumniar a quienes ya no pueden alegar nada en su defensa. La idea de que algunos de nuestros héroes no sean tales, resulta simpática. Es que no se trata de mirarlos como si fueran hombres perfectos. Fueron hombres, solo eso. Algunos de ellos con una visión superadora de su patria, pero sin duda alguna, plagados de defectos, de errores políticos y personales.

Los pseudo - progresistas y modernos conductores han llegado a los medios para difundir sus ideas juzgando a muchos de los hombres que construyeron esta Nación.

Se trata de destruir la imagen personal, mostrando lo peor de cada uno de ellos. La idea es ignorar los logros, exagerar errores, ridiculizar decisiones, todo cuando demuestre que esos próceres no lo son en realidad.

Paradójicamente se elogia a personajes que aparecen con mucha integridad moral, esa que les parece faltar a quienes cuentan los hechos en estos espacios dedicados a mostrar verdades a medias, asumiendo adrede omisiones.

Los próceres que nos contaban en “Billiken no existen. Esos seres que no se podían criticar, que jamás cometieron errores en sus vidas personales, son una absurda fantasía. Juzgar la acción de quienes nos trajeron hasta acá, con el correr de los años, es una tarea que merece algo mas de seriedad. La irrespetuosa e infantil versión que pretenden vendernos algunos, es realmente irritante. Parten de la base de que esta sociedad es un rebaño, capaz de comprar cualquier “buzón”.

Si queremos un país libre como tantas veces recitamos los argentinos, tendremos que ser mas abiertos y sensatos. Si aspiramos a una sociedad capaz de discernir, debemos abandonar esta práctica de contar la historia como una caricatura, para agregarle valor, rescatando el aporte que cada uno brindó a su tiempo.

Los hechos son muy reveladores, pero los hombres de carne y hueso que construyeron esta nación, aun los que hoy pretenden hacerlo, son solo eso, seres humanos, que con aciertos y errores intentaron, a su modo, ser protagonistas.

La historia argentina es rica, apasionante y merece ser recorrida con profundo respeto. Los manipuladores que intentan contar una caricatura de esta historia, no solo faltan a la verdad, sino que abiertamente responden a intereses y subestiman a quienes genuinamente desean conocer mas de esos sucesos que son parte de nuestro pasado, pero que explican mucho de nuestro presente.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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