Cuidado. Vienen por lo nuestro
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Un dilecto amigo me hizo notar, días atrás, que casi sin que nos diéramos cuenta estamos discutiendo uno de los pilares fundamentales de una sociedad organizada, léase la propiedad privada.

Los inteligentes manipuladores de una izquierda que pretende mostrar su costado mas edulcorado para no espantar a seguidores desprevenidos, se ha ocupado de poner paños fríos y de aclarar que no se trata de forma alguna de cuestionar la propiedad privada.

La historia empezó tímidamente a través del siempre efectivo y demagógico discurso de preservar el medio ambiente. Declarar a ciertas zonas de la provincia como patrimonio publico fue el comienzo de esta telenovela.

Luego le siguió el cuestionamiento a la conducta económica de un potentado extranjero. Esto tuvo desde connotaciones xenófobas repudiando al capital foráneo que llegaron hasta el patético incidente del corte de alambrados.

Todos estos acontecimientos, en forma independiente y desarticulada, han generado una situación que los agitadores profesionales entendieron como la oportunidad ideal para embestir contra la propiedad privada.

Algunos dirigentes políticos que no se autodenominarían colectivistas, han sido ingenuamente funcionales a esta premeditada actitud de un sector importante del socialismo local.

Un pensador francés, Frederic Bastiat, allá por 1848, se preguntaba respecto de la propiedad privada y decía “si este derecho es de creación legal o si no es por el contrario, anterior o superior a la ley. Si ha sido necesario que la ley viniera a dar nacimiento al derecho de propiedad o si, por el contrario, la propiedad era un hecho y un derecho preexistente que ha dado nacimiento a la ley. En el primer caso, el legislador tiene por misión organizar, modificar, suprimir la misma propiedad si lo encuentra bueno; en el segundo, sus atribuciones se limitan a garantizarla, a hacerla respetar “

La propiedad privada tiene que ver con la esencia humana. Desconocerlo es no entender que el hombre nace propietario, porque surge con necesidades cuya satisfacción es indispensable para la vida.

Cuando se intenta relativizar este derecho, se ataca el modo de vida de la humanidad. Hablar de dominio publico, de distribuir tierras fiscales, de regular el uso del suelo y asignar con criterios de dudosa moralidad, no hacen mas que socavar las bases fundamentales de este acuerdo de convivencia que implica el derecho de propiedad.

El derecho de propiedad debe ser defendido a capa y espada. La civilización ha crecido desde su aparición y su aporte a la paz y a la convivencia es indiscutible a todas luces.

La moderna práctica de un sector de la sociedad y su correlato en la dirigencia política, de cuestionar institutos centrales según circunstanciales conveniencias o resentimientos ancestrales, conlleva riesgos, como estos.

La demonización del capital foráneo se ha instalado entre nosotros. Se escucha hablar en estos tiempos de los procesos de extranjerización de la tierra en nuestro país, caballito de batalla de esa izquierda xenófoba que se sube a un tren alineado con aquello de combatir el capital, especialmente cuando aquel proviene del “imperio” o cualquier nación anglosajona. Parecen olvidar estos argentinos que todos somos hijos, nietos y bisnietos de generaciones de extranjeros ( no de nativos ) en nuestra inmensa mayoría. Ellos han sido los verdaderos “propietarios” de la tierra. Han mostrado la cara mas contundente de ese proceso de extranjerización que NADIE cuestionó ni décadas ni siglos atrás, y de la que todos nos enorgullecemos. Fue ese país de puertas abiertas el que nos vio crecer. Es ESE preámbulo constitucional el que nos dio la pujanza y el prestigio con el que se nos conoció en el mundo entero.

La actitud hostil hacia los acaudalados extranjeros, parece tener que ver mas con el origen nacional de algunos de ellos, que con nuestra profunda convicción de que la tierra sea ocupada exclusivamente por “criollos”.

No se trata de tomar decisiones respecto de las instituciones porque nos cae antipático algún propietario, o porque entendemos que hace un uso inadecuado de ella. No se debe aceptar cuestionamientos al uso de nuestros recursos en forma privada. Forma parte del patrimonio personal, al que nuestro trabajo nos dio acceso y que no deseamos compartir por pretendidos loables fines que algún iluminado siempre tiene la capacidad de crear, descubrir o inventar.

La perversamente inteligente actitud de la izquierda local ha logrado “ colar “ en el temario de la reforma una cuestión mucho mas trascendente que la reelección. Ninguno de los institutos sobre los que los pretendidos expertos intentan convencernos, cambiaran la historia de la provincia tanto como si logran regular el uso de la propiedad privada.

Nuestro esfuerzo, nuestro trabajo nos permite obtener bienes y servicios que son indispensables para satisfacer nuestras siempre inagotable lista de necesidades. El fruto de ese trabajo nos pertenece a los individuos. Nos hemos ganado ese derecho a poseer aquello que es la consecuencia directa de nuestra labor.

A la propiedad privada no se la cuestiona, se la defiende. Estemos alertas. Detrás de las románticas declaraciones de los socialistas, subyace la inconfensable vocación de lograr un sistema de propiedad colectiva. Cuidado. Vienen por lo nuestro.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes – Republica Argentina

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