Abonos y boletos escolares. La culpa no es del chancho
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Se ha escuchado desde el inicio del ciclo lectivo mucho ruido en torno al tema del abono y el boleto escolar. Quejas por doquier que fueron desde las incomodidades para comprarlos, demoras para el acceso a los mismos, a situaciones no contempladas y malos entendidos que tuvieron que ser esclarecidos.

Fueron el blanco de las críticas, empresas de transporte y autoridades municipales. La sociedad, sobre todo la directamente afectada por esta cuestión, dividió sus reclamos orientando estos a unos y otros responsables de la situación.

Se podría profundizar mas aun acerca de las circunstancias que rodearon cada una de estas ultima semanas. El tema le ha disputado espacios en los medios de comunicación, casi en igualdad de condiciones, a trascendentes cuestiones como los de la reforma constitucional, el dengue y el paro docente.

A estas alturas de los acontecimientos, escuchar a la sociedad reclamando por estos temas parece un contrasentido. Pedirle equidad, eficiencia y justicia a los funcionarios municipales o a los monopolios que administran la concesión del transporte público de pasajeros en la ciudad, no deja de tener una alta cuota de ingenuidad.

Es posible, que en un rasgo de supuesto progresismo podamos brindar argumentos muy convincentes acerca de la conveniencia de establecer abonos diferenciales para escolares en el transporte público.

También podríamos, si quisiéramos, brindar similares y equivalentes argumentaciones a favor de establecer abonos para jubilados, desocupados, discapacitados o personas con capacidades diferentes, trabajadores estatales, porque no privados, hombres de las fuerzas de seguridad, mujeres embarazadas, universitarios, individuos cuyas ocupaciones fueran el servicio domestico, serenos, docentes, servidores públicos, hombres y mujeres que provengan de ocupaciones relacionadas con la fe, tanto oficial como de otros credos, etc.

La lista, sin dudarlo, podría ser interminable y resulta complejo establecer que sector de la sociedad no “merecería” un trato preferencial a la hora de establecer el precio y la modalidad del boleto. Vale también decir que cuando los privilegiados son todos, no existe el privilegio, por lo que si todos estuvieran amparados por estas ventajas, seguramente algunos otros estarían reclamando MAS beneficios.

Pero todo esto tampoco ameritaría mayor reflexión, si resultara esta situación del acuerdo pacífico y voluntario de sectores de la sociedad que acordaran libremente estos valores diferenciales para algunos.

Hablamos, en definitiva, de disposiciones oficiales sobre un servicio monopólico explotado por un sector privado que no compite. Resulta difícil saber quienes son los ciudadanos defensores de este sistema monopólico de distribución de trazas a empresas que explotan con evidente exclusividad este servicio siempre criticado, pero sin embargo renovado como modalidad hasta el infinito.´

Esta claro que quienes forman parte de la corporación seguirán abonando a esta teoría no demostrada de que este es el UNICO sistema posible y que otro implicaría un caos.

Es igualmente cierto que el silencio cómplice de una ciudadanía que cada vez que se habla de transporte público de pasajeros se aleja del debate de fondo que pasa por discutir el sistema, y se deja enredar por cuestiones de dudosa relevancia, como el precio del boleto, la comodidad de las unidades, la tecnificación vía la maquinas expendedoras, la renovación del parque de vehículos, aceptando ingenuamente promesas de mejoras que siempre quedan postergadas a una nueva negociación, a otra oportunidad de tironear para que unos y otros obtengan beneficios de esta forma de pulsear donde el único ignorado es el ciudadano medio.

Resulta evidente que municipio, concesionarios del transporte y porque no empleados sindicalizados del sector, son siempre quienes resuelven por el resto, amparados en figuras jurídicas apoyadas por la sociedad, pero que paradójicamente perjudican siempre de una u otra forma a los verdaderos usuarios.

La sociedad puede cambiar la historia. Simplemente, no debe caer en la trampa de seguir avalando un sistema que nos ha brindado hasta ahora pocas satisfacciones y muchas mortificaciones. Hay que enviar a la clase dirigente señales claras. No pretendamos mejoras sobre lo vigente. Eso es mas de lo mismo, y significa solo la continuidad de un sistema que intrínsecamente no puede aportar soluciones, porque sus problemas provienen de su esencia pública y de un monopolio legalmente establecido.

Si queremos otros resultados, debemos apelar a la competencia, a la genuina posibilidad que tenemos en otros ordenes de elegir a quienes nos brindan un servicio, a esa chance que aporta el mercado de plantear nuestras disconformidades cambiando de prestador del servicio, y manifestando mis quejas con cuestiones mas prácticas, como dejar de consumir un servicio con esas empresas que no me atienden como pretendo. Solo la competencia permite esa posibilidad. El monopolio, público o privado, solo comunica, “es esto o esto”, no tenes opción alguna.

Somos la sociedad. Podemos exigir claramente. Para eso debemos estar listos para transmitir a nuestros dirigentes que es lo que pretendemos. Pero tenemos que estar dispuestos a asumir los riesgos de tal decisión, como lo hacemos en nuestra vida particular diariamente.

En síntesis, tenemos con el abono escolar, solo otro síntoma de una discusión eternamente postergada. No nos prestemos a ese perverso juego de seguir en lo mismo. No esperemos mágicamente que provengan soluciones de un sistema que solo contempla intereses parciales. No le pidamos peras al olmo. Nadie atenta contra sus propios privilegios. Esta la cuestión en manos de la sociedad toda, de la comunidad ciudadana por completo. En definitiva, esto de los abonos y boletos escolares, no es un tema de autoridades municipales y pseudo empresarios del transporte. La culpa no es del chancho…….. sino del que le da de comer.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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