A ponerse las pilas. Es tiempo de ir a la escuela
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Estamos los argentinos muy acostumbrados a una doble actitud frente a determinadas circunstancias. Por un lado la queja fácil, el reclamo reiterado, el caer en la inútil inercia de manifestarse disconforme sin aportar soluciones, ideas, ni acción. Las charlas en el café, en el trabajo o en la mesa familiar, son solo algunos de los escenarios de esta siempre vigente práctica nacional de despotricar en voz alta.

Por otro lado, la permanente resignación que nos caracteriza frente a la inequidad y la injusticia. Es como si todo lo que nos rodea fuera una fatalidad. Nuestra participación no puede modificar nada según esta visión. Parecemos presos de esa perversa combinación de queja con resignación.

Por eso es que, renovando esta mirada como sociedad, frente a las recientes huelgas docentes, que seguramente se clonarán en otros sectores durante este año electoral, repetimos la renovada fórmula. Quejarnos hasta el hartazgo, y resignarnos profundamente frente a lo que, entendemos, no tiene otra solución.

Es cierto que tenemos un diagnostico confuso sobre cada cuestión. Somos contradictorios muchas veces en cuanto a las razones que explican para cada uno de nosotros, las cosas que suceden a nuestro alrededor. Sobre la cuestión del paro en la educación también cabe esta regla.

No tenemos demasiada analizada la situación y nos inclinamos por argumentos tan reales como contradictorios. Desde la legitimidad de los reclamos, pasando por la arbitraria distribución de recursos del gobierno de turno, sin olvidar las eventuales especulaciones políticas, el chantaje gremial y cuanta forma de explicar la situación exista. Lo concreto es que nuevamente estamos frente a un problema. Es otra vez la huelga docente y transitamos de nuevo entre la queja y la resignación.

Tal vez es el momento de empezar y elegir otro camino. Alguna vez debemos cambiar nuestras formas de hacer las cosas. Se le atribuye a Albert Einstein la frase que dice “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Cuanta verdad.

Alguien podría decir, una vez mas confirmando la perversa combinación habitual, que todo esta mal pero que esto no cambia mas, que no se puede hacer nada al respecto.

Esa cultura es la que subyace en nuestra sociedad. Nos desresponsabilizamos de la cuestión. Después de todo, no hay mucho por hacer. Los políticos, los sindicalistas, los dirigentes empresarios, las corporaciones, las cúpulas religiosas, el poder económico. Siempre algún mega poder tiene la responsabilidad de los que nos pasa.

Es real que los poderosos hacen de las suyas, pero su principal aliado es nuestra inacción, la ausencia de coraje, esa superficial actitud que tenemos como sociedad que se sigue quejando, mientras no hace nada, se resigna, se entrega mansamente. Perfecta combinación para que los de siempre, abusen de sus circunstanciales ventajas.

Los gremialistas docentes conocen de esta actitud popular. Los gobernantes también. Ambos saben que el escenario lo conforma una sociedad dormida. Por eso, avanzan, usan, especulan, para que sus mezquinos intereses corporativos se vean favorecidos.

Es tiempo de pensar que sucedería si esta timorata comunidad modificara su actitud y tomara la posta siendo protagonista de su propia historia. Existen derechos. El de huelga es uno de ellos. El de enseñar y aprender es otro. Hasta donde sabemos, no hay una supremacía de jerarquías de unos sobre otros. Sin embargo parece defenderse con mas fuerza el derecho de los trabajadores que el de los alumnos y padres.

Ni hablar de la intimidante actitud de las corporaciones que amenazan a aquellos que no acaten decisiones ajenas. Están esos docentes que no van a la huelga por temor a las represalias directivas y aquellos otros que van a la huelga para no ser acusados de “carneros” y colaboracionistas del gobierno. De los intimidadores solo podemos decir que son personajes que se llenan la boca de democracia y pluralidad pero no aceptan una opinión diferente a la de ellos, mostrando siempre ese costado autoritario que mejor los representa, Respecto de los intimidados, no solo le faltan el respeto a la sociedad, sino a sus propias convicciones, lo que tal vez sea mas grave aún.

Es tiempo de actuar. Tal vez podamos revertir la triste inercia que nos lleva a aceptar lo inaceptable, a no respetar los mas esenciales derechos y a transmitir a nuestros hijos una pobre lección de vida, pisoteando nuestras creencias.

Respetemos el derecho de huelga. Aquellos que quieran hacerla, pues adelante. Ahora que hacemos respecto de aquellos padres que desean que sus hijos accedan a una educación de acuerdo a los derechos que los asisten ?. Que hacemos en relación a los niños que también ven vulnerados sus mas elementales derechos a educarse ?.

Tal vez debamos defender con igualdad de amplitud democrática y tolerancia ambos derechos. Que los que quieren ir a la huelga, lo hagan. Y los chicos que quieran estudiar, los padres que deseen que sus hijos sean educados pues tendrán que defender sus derechos también. Es tiempo de ir a la escuela. Es el momento de que los padres y sus hijos concurran a la escuela, el ámbito natural de la educación a exigir ese derecho que constitucionalmente los asiste. Seguramente los docentes huelguistas no estarán presentes. Ellos entienden que ese derecho debe ser respetado. Tal vez tengan razón. Ahora habrá que también apoyar el derecho de los padres. Esos padres que tal vez puedan convocar a OTROS docentes, a los suplentes, a los que están vocacionalmente buscando oportunidades en la profesión. Si ninguno de ellos se presenta, cosa que parece improbable por otra parte, habrá que hacer un esfuerzo superior y los propios padres tendrán que hacerse cargo. Pero no se puede parar la escuela. El derecho a aprender vale tanto o mas, que el derecho a la huelga.

Si los gobernantes no son capaces de hacer valer los derechos constitucionales, los padres deben tomar las riendas de la situación. Es tiempo de huelgas. Los padres deben tomar las riendas. Como dicen los chicos: “a ponerse las pilas”, es tiempo de ir a la escuela.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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