Escribir con sangre
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La Argentina esta consternada frente a un hecho tan aberrante como evitable. Murió un docente. Perdió la vida Carlos Fuentealba, ese educador que en estas horas se ha convertido, sin quererlo, en un nuevo mártir de la lucha sectorial.

Respecto del tema hay mucha tela para cortar. No es la intención de estas líneas caer en el discurso fácil ni en la superficialidad de cierto análisis que esta tomando la posta en estos días en los medios de comunicación.

No se trata pues de analizar las virtudes de este luchador o la perversa vocación de los gobernantes de turno en esa visualización de una organizada forma de reprimir luchas. Se trata de algo mas concreto, mas mundano, y al mismo tiempo, mucho mas repudiable.

Cierto sector de la política, especialmente aquellos que se autodenominan progresistas y que simpatizando con las ideas de un socialismo contemporáneo se erigen en los monopólicos propietarios de la verdad, se han comportado y lo harán con mayor frecuencia aun, con absoluta hipocresía.

No es una actitud novedosa. Muy por el contrario, se trata de un hábito en aquellos que están acostumbrados a USAR morbosamente hechos luctuosos. Carlos Fuentealba será convertido en mártir involuntario de una lucha. Ha perdido la vida en circunstancias mas parecidas a las de un hecho policial demasiado rutinario en estos años de esta Argentina violenta. Un delincuente común y no el representante de ninguna paranoica fuerza establecida, ha disparado un arma estúpidamente.

Ha perdido la vida una persona y esto no tiene, NUNCA, una explicación razonable. NO se puede justificar aquello de ninguna manera.

La perdida le duele al país, también a su provincia, pero mucho mas le duele a una familia, esa por la que seguramente vivió y murió ese educador. No importa hoy demasiado analizar si sus ideales eran los correctos o no. Frente al hecho concreto, esto es un tema menor. Tampoco si la metodología utilizada ha sido la adecuada. Solo tenemos frente a nuestros ojos la realidad y esta nos dice que falleció alguien de una manera inexplicable.

Esta familia ha sufrido una perdida irreparable. Ningún demagógico homenaje, ni hipócrita acto político de quienes siquiera lo conocieron devolverá algo de lo que fuera en vida este educador.

Las circunstancias de su muerte hacen, sin duda alguna, mas dolorosa la noticia. La familia precisa respeto, tiempo y silencio propios de quienes tienen por delante la imprescindible necesidad de procesar un duelo en situaciones tan ridículas como inesperadas.

No necesita esta familia frente a la pérdida, esa triste y constante actitud UTILIZADORA de dirigentes políticos y sindicales que USAN la muerte ajena para pintar banderas oportunistas, plagadas de mezquinos intereses económicos y políticos propios de los que se juegan otras cosas siempre mucho menos relevantes que la vida de alguien.

No son ellos los propietarios de la vida perdida en este imbécil hecho policial. Hay una familia que llora con razón, con amor, sin explicaciones, ni reparaciones posibles. No se dignificará esa muerte con el aporte de esta cultura movimientista que decide en este país que se hace y que no, cuando se trabaja y cuando no.

En estas horas mucha gente recibirá o habrá recibido un mensaje que dice “Las tizas no se manchan con sangre. Hoy todos somos Carlos Fuentealba”. En esta pérdida, los menos, llorarán desde el amor. Esos merecen respeto. Otros, los mas, solo APROVECHARAN desde lo político. Que las tizas no se manchen con sangre. Y que la sangre no sirva para pintar de consignas las banderas de estos perversos dirigentes que son capaces de USAR a quien sea para perpetuarse en el poder o escalar posiciones apelando a tan bajos recursos como el llanto y el dolor de una familia a la que nadie, absolutamente nadie, les devolverá nada.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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