El turno de los padres
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Mucho se discute en estas horas acerca de la educación. La Reforma Constitucional correntina ha dado un pie adicional, incluyendo este capítulo en el debate. Algunos sectores ya han empezado la pulseada. La corporación sindical está dando pasos firmes apostando a acrecentar su poder actual. Gobierno y gremios parecen disputarse, y por momentos acordar, como se repartirán la torta educativa. Por ahora solo observamos un mezquino debate de intereses, cuya finalidad es ver quien y quienes gobernaran el sistema educativo provincial, tratando de extender más aun las redes de un poder que no cede, ni cesa en su ambición.

La educación pública en nuestro país, y la provincia no es la excepción, ha estado siempre, de una u otra manera, atada a los caprichos de esa dupla que conforman gobernantes y gremios.

Hace tiempo se ha impuesto la contemporánea visión del Estado benefactor que responsabiliza a los Gobiernos de la Educación Publica. Desde esa mirada, los funcionarios han decidido durante décadas donde localizar establecimientos, como diseñar planes de estudio y cuanto detalle determine la forma en la que aprenderán nuestros hijos. La libertad para decidir de alumnos y padres se ha minimizado, haciendo que el aporte de los tutores sea llevado a su más diminuta expresión.

Esto ha permitido que algunos funcionarios y otros tantos dirigentes se hayan creído la historia de que han sido “los elegidos” para definir los destinos de generaciones de alumnos para fijar que y como tendrán que formarse, dictando desde sus horarios y formatos escolares hasta el sesgo ideológico de los contenidos del aprendizaje, privando de esta manera a todos de la capacidad de cuestionar, crear y argumentar. Se fomentó de esta manera el pensamiento único en lugar de aplaudir la pluralidad. Se determinó una mirada, en lugar de apostar al disenso.

Los resultados están a la vista. No se trata ya de analizar si esta educación es igual, mejor o peor que las anteriores. No es el punto evaluar la calidad educativa de estos años. Los errores son muchos, pero incluso los aciertos de estos tiempos son el mérito de muchas circunstancias favorables que ayudan al proceso educativo. La vocación de docentes comprometidos con la educación y el aporte de alumnos que reciben el incondicional apoyo de sus padres desde sus hogares, muestran pinceladas que son dignas de elogio y a las que no debemos restarle mérito.

Hablamos aquí de dar vuelta la hoja que tiene como monopólicos propietarios del poder educativo a gobernantes y miembros de la corporación sindical. Habrá que empezar a recorrer el camino adecuado para culminar la historia de los iluminados que persiguen intereses mezquinos.

Sentar a la mesa de los que deciden que, como y cuanto estudiar a los padres y tutores de esos alumnos que son el centro y objeto del sistema educativo no parece ninguna temeridad. Sin embargo esta claro que ni a los funcionarios, ni a los líderes gremiales les resulta cómoda la idea.

Solo de esa manera se explica tanta claridad conceptual a la hora de hacer propuestas para mejorar el sistema educativo evitando siempre contemplar la opinión de los padres. Los proyectos de la alianza implícita que une a los partidos con la representación sindical ha omitido intencionalmente esta posibilidad. No parece casualidad. Sería una muestra de grandeza importante que la clase política y los genuinos docentes, formen parte de esa masa de gente que posibilite ese espacio merecido que deben ocupar los padres en el gobierno del sistema educativo.

Nadie debe temer a los padres. Son los MAS preocupados en que el sistema educativo sea exitoso y lleve a buen puerto a sus hijos. Quienes sino ellos los mas indicados para garantizar que sus hijos recorran el camino adecuado.

Que razón habría para dejar de lado a los padres. Salvo que se crea que esa participación puede condicionar el siempre afinado proceso del cogobierno de gremios y funcionarios.

Está claro que a los gobernantes, ni a los gremios, les simpatiza la idea. Padres formando parte del gobierno educativo podrían dejar al desnudo la red de privilegios y arbitrariedades que yace en cierto submundo de expedientes. Los padres podrían evaluar y cuestionar la gestión de docentes abúlicos, directivos ineficientes y descomprometidos y abusivos practicantes del poder escolar.

Los genuinos docentes, esos que decidieron abrazar la tan noble y digna tarea de pararse en un aula para aportar su experiencia y conocimientos, no les debe temblar el pulso frente a esa minoría manipuladora que usa la educación en vez de ejercerla. No se puede ser cómplice de la corporación gremial, por temor a las represalias. Solo hay que tener el coraje de hacer lo mas justo. La dignidad no se consigue con la lucha salarial, sino distinguiendo lo correcto de lo incorrecto.

Los padres, y sus hijos, son los actores principales de la cuestión educativa. Su participación es vital y por ello es tiempo de tenerlos en cuenta. Los formatos son opinables. Ojala pudiéramos estar discutiendo ahora como integrarlos evaluando los modos mas seguros de garantizar una genuina y clara forma de sumarlos a las decisiones mas trascendentes para el futuro de sus hijos.

Aun parece no haber llegado ese tiempo. Todavía gobiernan exclusivamente funcionarios y sindicatos. Por ahora solo apuestan a repartirse el poder. Los profesionales de la corporación han logrado monopolizar las voces. Nadie levanta la mano para sumar a los padres. Algunos políticos piensan que los tutores deben ser parte de este proceso, pero tienen un excesivo respeto por la posición gremial, que intentarán retener ese poder que han ostentado hasta aquí. Es mas, esperan consolidarlo con la reforma constitucional. Mientras tanto los padres parecen esperar su turno. Habrá que trabajar duro para que cada vez mas padres se animen a decirlo en voz alta y a confirmarlo en sus actos reclamando el derecho que les corresponde. Ya no hay margen. Es el turno de los padres.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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