Desdoblamiento. Un abuso de la estadística
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La especulación política está al rojo vivo. Corrientes, empieza a recorrer el camino electoral del segundo semestre del año. Ya hemos tenido nuestro febrero de urnas con la Constituyente, pero ahora se juegan asuntos diferentes.

En la construcción de estructuras políticas capaces de configurar roles de oposición y oficialismo vale casi todo. El desdoblamiento se ha convertido ahora en la vedette. Solo otra muestra de como razona la clase dirigente local.

Esta claro que en nuestra provincia el debate por el desdoblamiento electoral es solo un recurso especulativo para sacar una ventaja circunstancial de la mano de una herramienta táctica.

No se ha pretendido darle un sustento moral, ni argumentación federal alguna a la cuestión. Solo la siempre presente discusión de hacer lo más conveniente. No se habla de hacer lo que corresponde, sino simplemente de actuar según convenga.

Vivimos tiempos donde se está de un lado o de otro según aquello que sea mas funcional para sostener estrategias de poder. Eso que se ha dado en llamar política es hoy el escenario ideal para desplegar el arte de la picardía criolla.

No es demasiado relevante saber que piensa el aliado. Eso explica como se construyen alianzas entre gente que tiene poco que ver desde lo ideológico, y ni hablar desde las afinidades personales.

Mucha gente piensa que los dirigentes se pueden aliar hoy a sus adversarios del pasado, y la verdad es que las pruebas están a la vista. No podríamos ofendernos frente a esa visión siendo que la historia política reciente abona esa teoría con creces.

El foco de la atención política está puesta en construir poder, en sostener estructuras electorales capaces de conformar frentes tanto oficialistas, como opositores.

El desdoblamiento no es mas que una señal de como deciden nuestros dirigentes. Establecen reglas de juego según mezquinas conveniencias. No están dispuestos a transparentar las normas propias de cualquier contienda legítima, sino que las evalúan permanentemente y sacan tajada de las ventajas que ciertos cambios les darán frente a las circunstancias electorales del presente.

Un conjunto de analistas, consultores y encuestadores se ocupan de vender inteligentemente teorías que demuestran con cifras, casi científicamente, que esta táctica propuesta brindará más dividendos que otra.

Lo cierto es que, más allá de las inevitables formas de decidir acerca de los futuros individuales y partidarios de la dirigencia, preocupa la escala de valores con las que son capaces de tomar posiciones.

Desdoblar las elecciones no tiene en si mismo demasiado significado. Solo debemos estar mas alertas, porque los hombres nos manejamos con ciertos códigos, que se expresan como valores que trascienden en una forma de ver la vida.

Aquellos que son capaces de modificar las reglas de juego para mejorar sus chances están mostrando claramente su escala de valores. Si a ello se agrega el hecho de que no sienten la necesidad de esgrimir argumentos que expliquen la decisión, creo que se suma entonces la cuestión de la impunidad.

Tomar decisiones arbitrarias, haciendo abuso de atribuciones, que permiten cambiar las reglas, y hacerlo sin dar justificaciones, cuando de asuntos públicos se trata, es una forma, al menos opinable, de ejercer el poder.

A no equivocarse. No se trata de una práctica novedosa, ni es patrimonio exclusivo de los circunstanciales protagonistas del presente político correntino. Esto es lo que en realidad preocupa. Lamentablemente, esta forma de hacer las cosas, se ha convertido en la rutina electoral de estos tiempos.

Cada uno de nosotros, aporta su mirada ciudadana, y desde ese lugar es inevitable sentir que se intenta arrear, casi como ganado, las voluntades de los votantes para dar cumplimiento a la democracia formal que nos invita solo a votar cada dos años.

Jorge Luís Borges, ese escritor magistral del que supimos disfrutar los argentinos, desde su mirada anarquista, solía decir con algún rasgo de fina ironía, que “la democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística” Sería bueno que sea solo una visión escéptica de la cuestión.

Es importante entender que para no caer en la resignación de comportarnos como rebaño, los ciudadanos deberemos trabajar fuertemente en comprender que la democracia no se trata solo de la actual concepción de los dirigentes políticos que deciden como los vamos a elegir.

El ciudadano es el protagonista de la democracia. Los dirigentes son solo representantes de una población que sigue delegando en exceso su verdadero poder popular a manos de gente que, evidentemente, tiene una escala de valores que merece ser revisada.

La democracia hay que defenderla, y no es cierto de manera alguna que la única forma correcta sea la de ir a depositar el voto cada vez que nos convoquen. La democracia merece otra atención por parte de quienes somos los electores. Debemos explorar un poco mas para encontrar nuevas formas de hacernos escuchar civilizadamente, sin violencia, sin prepotencia, y fundamentalmente de opinar para la construcción de consensos.

La democracia representativa tiene muchas virtudes, pero no es el único camino. Es solo un recurso operativo de la democracia. No debemos convertirnos en fundamentalistas de un sistema que merece ser revisado en tanto no cumple con la consigna de representarnos siempre.

La gente, la sociedad, la comunidad toda merece la oportunidad de gobernar sus propias vidas para escapar de las garras de la política chica que nos propone cierta dirigencia contemporánea. Para merecerlo, hay que hacer también un esfuerzo. La democracia amerita ser ganada, y la legitimidad de su existencia se trabaja en el día a día. Se requiere para ello de ciudadanos comprometidos, con ganas de sumar, haciendo frente al pensamiento único que dice que los partidos políticos constituyen la forma monopólica de participar en la vida cívica.

Los argentinos estamos frente a este dilema desde hace algún tiempo. Debemos sortear el escollo que nos propone la dirigencia clásica, para recuperar el sentido mismo de la democracia. El gobierno de todos supone algo más de lo que tenemos.

El desdoblamiento es solo parte de un arsenal de recursos que muestran una manera de hacer las cosas en la política actual. Los correntinos tenemos por delante un desafío mucho más interesante. Tomar las riendas de las decisiones públicas para que estas “chicanas” propias de un cristal con el que se puede ver la vida y la política, sean solo parte del anecdotario irrelevante de una democracia que merece ser construida de otra manera, con otros códigos, con valores superiores.

A esta altura de los acontecimientos políticos locales, el desdoblamiento se propone solo como una forma más de ese “abuso de la estadística” con la que tan escépticamente describiera Borges en ese intento por caracterizar a la democracia. Es tiempo de moralizar la política. Para ello, se requiere algo más que manipuladores del ejercicio electoral. Hacen falta ciudadanos dispuestos a explorar otros modos de ejercer el derecho a construir una mejor democracia.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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