Matar al mensajero no es la solución
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Se conoció días atrás un documento del Departamento de Estado de los EEUU en el que les brinda recomendaciones a sus ciudadanos en relación a los destinos turísticos o laborales elegidos por sus habitantes.

Como producto de ese informe, trascendieron las declaraciones de un importante funcionario del gobierno nacional argentino manifestando el enojo oficial.

El Departamento de Estado en realidad actualizó este reporte anual sobre la situación en cada país. Caracterizaba al nuestro como una “nación de ingreso medio que sufrió una severa crisis económica en 2001-2002″, dando un marco de referencia para los ciudadanos estadounidenses que, por turismo o negocios, debieran visitarlo.

Se advierte en ese informe acerca de los problemas que padecen regularmente quienes deben abordar vuelos de cabotaje, tales como “las huelgas, la sobreventa de pasajes y los problemas técnicos en aeropuertos, que a veces derivan en demoras o en la pérdida de conexiones”. “La Argentina ha tenido una importante recuperación” pero esa mejoría “ha traído también un aumento del crimen callejero”, dice en otro párrafo.

También se hacen referencias como que “los accidentes de tránsito “son la primera amenaza a la vida”. Los peatones y conductores deben ser cautos, pues los locales ignoran las leyes de tránsito y los vehículos viajan a menudo a velocidad excesiva”. Tampoco dejan de indicar que el país “reportó en 2006 unas 7.500 muertes” por accidentes de tránsito.

No se deja de lado a su vez la mención sobre la presencia de grupos extremistas que apoyan financieramente al terrorismo en la zona de la Triple Frontera. Otro párrafo se ocupa de las protestas callejeras, “muy comunes en Buenos Aires y otras ciudades importantes”. “Los manifestantes bloquean calles y autopistas causando embotellamientos y demoras en la circulación. Usualmente no son violentas, pero a veces se realizan frente a la embajada de los Estados Unidos o ante sucursales de locales de origen norteamericano, por lo que se recomienda usar el sentido común y evitar en esos casos las multitudes reunidas para protestar”. Respecto de los secuestros, se advirtió que “siguen ocurriendo”, y se explicó que “normalmente se lleva a la víctima a recoger dinero de cajeros automáticos, tras lo cual se la libera ilesa”.

Sobre los robos, el gobierno de los Estados Unidos enfatizó que el crimen callejero es “un problema para locales y turistas principalmente en el Gran Buenos Aires y en Mendoza”. “Los visitantes deben estar alerta de ladrones, carteristas y timadores, tanto en la calle como en lobbies de hoteles y en los puertos a los que arriban cruceros. Los delincuentes generalmente trabajan en grupo y debe asumirse que van armados”.

El transporte público tuvo su mención al que se consideró “confiable y seguro”, aunque recomendó el uso de “radiotaxis y remises contactados vía telefónica”. En subterráneos y colectivos “se debe estar alerta de los carteristas, y tener cuidado de las interrupciones o huelgas”, dice el reporte.

Todo este informe derivó en el enojo oficial argentino para con el Departamento de Estado, lo que se tradujo en un hecho de ribetes diplomáticos. Entre las declaraciones del importante funcionario oficial se destaca aquella en la que imputa al gobierno de EEUU indicando que “Se arroga la sorprendente capacidad de juzgar sociedades” También esa otra en la que dice “resulta inadmisible la continuidad de caracterizaciones que no responden a la realidad”.

Esta claro que no resulta cómodo para los argentinos leer esas líneas escritas en otro país. Es mucho menos agradable vivir esas descripciones cotidianamente.

Es cierto que los argentinos tenemos cierta dificultad para asumir, con alguna cuota de hidalguía, las críticas que se nos hacen. Pero deberíamos tener, al menos, el sentido común de aceptar que las afirmaciones, por incomodas que resulten tienen una importante similitud con la realidad.

Es probable que algunos términos no se ajusten totalmente a la realidad, pero debemos convenir que se parece bastante a nuestro presente.

Por otro lado, que es lo que realmente nos molesta ? que se opine de nosotros o que lo haga puntualmente esa nación ?. Si este informe lo hubiera redactado otro país, tal vez algún vecino, estarían tan ofuscados nuestros funcionarios ?. En todo caso nos molesta que lo escriban o que lo piensen ?. Los reclamos diplomáticos y políticos pueden lograr quizás que esos informes se moderen reemplazando términos, pero eso no cambiara la visión que tienen acerca de lo que sucede aquí.

Tal vez nuestros funcionarios deban poner mas esmero en corregir los problemas descriptos en vez de caer en la vieja practica de sociedades antiguas de “matar al mensajero” cuando trae malas noticias.

Parecen olvidar que nosotros TAMBIEN hacemos recomendaciones a los ciudadanos cuando viajan a países vecinos que consideramos engendran riesgos vinculados a la seguridad, cuando no por temas de salud tan recientes. Ni hablar de cuando ese posible viaje tiene como destino algún país del continente africano o una capital importante del planeta que conlleva la necesidad de protegernos del contagio de enfermedades o resulta riesgoso para nuestra integridad física.

Dicen que en ciertas culturas, cuando el mensajero traía una mala noticia el tirano disponía que sea ejecutado. No es nuevo que a nuestros gobernantes les molestan las opiniones diferentes. Hasta ahora solo lo han logrado parcialmente. Intentaron amedrentar a intelectuales, periodistas y medios de comunicación para que acallen sus críticas o al menos las minimicen. Esta influencia no ha logrado superar las fronteras. Esto pone fuera de si a los intolerantes de siempre que creen que la realidad se puede modificar con el simple hecho de ignorarla, haciendo negación de la misma.

Es posible que el informe del Departamento de Estado de EEUU nos moleste. Incluso que no sea del todo exacto. Es probable además que nos genere cierta impotencia. Pero algo esta claro. No lograremos resolver nuestros reales problemas matando al mensajero.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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