El que juega por necesidad, pierde por obligación
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El triunfo electoral de un candidato ha puesto de manifiesto, una vez mas, la mente mágica de los argentinos. Un sector importante de la sociedad critica duramente la gestión del actual Presidente. No es nada nuevo que existen sospechas que vinculan a muchos funcionarios con maniobras relacionadas a la corrupción. El gobierno también es blanco de cuestionamientos por el alineamiento internacional al que han empujado al país, por los problemas de inseguridad que no se resuelven, y porque no, por el cada vez menos disimulado espíritu antidemocrático que pone en jaque a la libertad de expresión, por solo nombrar algunas situaciones.

Ese sector de la comunidad ante la necesidad de lograr alternancia en el poder, o al menos, establecer un aceptable límite republicano, sueña con la aparición de quien o quienes se constituyan en alternativa evidente.

Mucho se ha dicho sobre las preferencias en las encuestas nacionales del matrimonio presidencial. No obstante ello, salvo los fanatizados de siempre, buena parte de la sociedad, aun quienes simpatizan con el oficialismo, aspiran a que aparezca un líder de la oposición que sea capaz de aglutinar ideas, soluciones y carisma, lo que conjuntamente con una construcción política viable, se constituya en el eje de un frente o coalición capaz de enfrentar con alguna chance, o al menos que con algo de dignidad, sea capaz de hacerle frente al poder que parece hoy indiscutible de cara a octubre de este año.

Cada vez que ha aparecido un candidato en algún distrito, muchos argentinos han renovado esa típica actitud infantil de creer que ALGUIEN puede constituirse en ese centro de la oposición que tanto esperan muchos.

La política no es un juego. Es la herramienta central para cambiar la realidad. Por lo tanto, esperar algo de ella, sin hacer el debito trabajo al respecto, suena cuando menos, ingenuo.

Sin embargo, muchos argentinos, que se quejan a mares de su realidad cotidiana, denigran la actividad política, y hasta la toman como un juego. Es como si se tratara de un partido de fútbol donde unos ganan y otros pierden, y si el resultado no sale como nos gusta a esperar hasta la próxima fecha.

Dicen que mi abuelo solía reiterar una frase que decía “el que juega por necesidad pierde por obligación”. Es una de esas típicas menciones vinculadas al juego, y recuerda que aquel cuyo único móvil es lo que necesita, estadísticamente pierde y la suerte no lo acompaña.

El punto de contacto entre el juego y la política, lo incorporan quienes participan de esto como espectadores convirtiéndolo en algo superfluo, azaroso, lúdico, pero que, pruebas sobran, tiene un impacto inimaginable en nuestras vidas, nuestro presente y futuro.

La búsqueda de ese hombre o mujer síntesis, capaz de enfrentar al oficialismo actual, es anhelada por la sociedad. Ese exceso de necesidad ha planteado que frente a la aparición de un candidato, que consigue un éxito contra el oficialismo en cualquier distrito, se multipliquen escenas de triunfalismo tanto en la comunidad, como en los medios de comunicación, analistas políticos y cuanto hombre allegado a este ambiente se refiera.

Esa necesidad genera a la vez procesos sociológicos complejos de explicar. Aparece entonces como primer paso, la idealización. De pronto el elegido es inteligente, con estampa de estadista, eficiente, simpático, humilde, gran constructor de una estructura política. Esa deformación tan humana que consiste en ese enamoramiento tan fugaz como irreal pone en el tapete un nombre, que en cuanto bajamos a tierra nos damos cuenta que no es tan así, y el proceso de desilusión nos pone en un lugar peor al anterior.

La otra reacción sociológica tradicional que se sucede es la de minimizar defectos, pasando todo por el proceso de olvido, mecanismo psicológico muy humano que genera negación política, dejando de lado algunas cuestiones que por obvias, parecen dejarse de lado.

Esta es la forma en la que concebimos la política en la argentina. Buscamos hombres que saquen a otros hombres del poder. Cuando nos cansamos del que elegimos, porque finalmente nos damos cuenta que no es un príncipe, sino que el encanto termino y se trata solo de una ilusión, empezamos a recorrer idéntico proceso.

Así nos hemos pasado muchos años, muchas décadas, sacando a civiles y reemplazándolos por militares y al revés. Nos hemos “enamorardo” políticamente de los Alfonsín para luego pedirle que se vaya antes de tiempo y pasarle el poder a Menem, a quien luego le renovamos el crédito como sociedad en su reelección para finalmente, hacerlo reemplazar por la ilusión aliancista de la mano de De La Rua que terminó con la parodia de los 5 presidentes. Luego vinieron las historias conocidas de un candidato que saliendo segundo en una elección presidencial, logro luego consolidar un poder que hoy parece que nadie puede siquiera aspirar.

Alguna vez comprenderemos que no se trata de hombres, ni siquiera de nombres. Se trata de la forma de hacer las cosas. No nos podemos ilusionar con políticos a los que el “encanto” típico del triunfalismo y la euforia argentina intentan mostrar como diferentes por el solo hecho de que no provienen de la militancia universitaria o de las tribunas partidarias.

Un hombre que se erige como candidato de una fuerza y elige sus compañeros de formula y de lista con procesos democráticos inexistentes, no es otra cosa que mas de lo mismo. A los hombres diferentes se los nota porque hacen cosas diferentes. No solo se trata de ser buen gestor, de ser eficiente en una gestión privada. La política es bastante mas compleja. El marketing político, se encarga de hacer parecer lo que no se es, opinar y hacer según convenga. Es decir mas de lo mismo.

Encabezar una lista de legisladores, no para ejercer el cargo, sino porque electoralmente conviene, no es diferente. Utilizar el triste recurso de vaciar un espacio legislativo, recurriendo, a la aceptable desde lo jurídico, artimaña de evitar el quórum para que una votación no sea posible porque no nos gusta el resultado, no es nada distinto, es mas de lo mismo.

Esconder profundas convicciones por el solo hecho de que algunas de ellas no traen votos, o bien los espantan, no es nada distinto, es mas de lo mismo. Abandonar al aliado porque supuestamente ha caído en desgracia, es una vieja practica de la política nacional. No es nada distinto, es mas de lo mismo.

A los hombres los definen sus hechos y no sus dichos. No caigamos en la trampa de construir ídolos de barro. La política es bastante mas seria de lo que parece.

Que quede claro. La cosa no es con este candidato. Es solo un ejemplo mas de los tantos protagonistas de la ilusión que hemos construido ficticiamente en los últimos años. Es una critica si, a la renovada actitud de un electorado que no se toma en serio la política y pretende soluciones mágicas sin tomar las riendas del asunto.

Tendremos la dirigencia política que nos merecemos en tanto no nos tomemos seriamente esta responsabilidad. No tenemos en quien delegar esta cuestión. Mientras tanto, mientras sigamos tomando estos temas como un simple acontecimiento derivado del azar, seguirá vigente la frase del abuelo “ el que juega por necesidad pierde por obligación”

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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