La perversidad del crecimiento con inflación
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El concepto económico de que inflación y crecimiento son compatibles es una visión dominante en América Latina. Algunos otros países también se han encolumnado en esta idea tan discutible como fácilmente rebatible.

Sin embargo, sin pruebas que lo demuestren, se ha instalado esta idea en muchas sociedades. Tal vez, algo tenga que ver aquello de los periodos de estabilidad con recesión que hemos vivido en nuestro país, y que se encuentran tan latentes en nuestra memoria.

Es cierto que también perduran en nuestro inconsciente los tiempos de inflación galopante, con recesión, combinación letal por la que también hemos pasado.

Bajo esa ideología económica hegemónica, este país se encuentra transitando el mas perverso de los caminos, creer que la inflación, es condición imprescindible para seguir creciendo.

Vaya siniestra mentira. La inflación es el mas nefasto de los impuestos, el deformador del mercado por excelencia y la hipoteca de futuro de mayor impacto.

Los que lo piensan pueden pecar de ingenuos, pero los que saben como es realmente la cuestión no tienen perdón alguno. La inflación hace pagar a los asalariados que tienen ingresos fijos los cambios de precios para sostener los privilegios de quienes se benefician con las políticas oficiales.

Este Gobierno, en esa perversa ideología, trata de sostener su CAJA por sobre todas las cosas. Esa caja que le permite comprar voluntades, someter a legisladores, intendentes y gobernadores, obteniendo mayorías tan ficticias como moralmente corruptas. Se trata de los que se compran y de los que se dejan comprar. Esa caja se sostiene con moneda emitida. La fábrica de pesos permite disponer los fondos para hacer la política que mas le gusta a nuestra clase dirigente, la de “comprar” y hacer aparecer eso como “adhesiones”, “consenso” o “apoyo”.

La historia de siempre, un Estado fortalecido que solo se sostiene con la “maquinita”. Esa que se precisa para comprar los dólares que sostengan el tipo de cambio alto que favorece a los exportadores y que vía retenciones y una carga impositiva sin precedentes, permite al Estado quedarse con la parte del león. Así, ese supuesto “éxito exportador” nos posibilita crecer a expensas de la desinversión que hipoteca nuestro futuro, ese que en algún momento pagaremos con creces, que hoy tiene su anticipo a cuenta gotas con problemas energéticos y otros deficits de inversión que se hacen cada vez mas inocultables.

Lamentablemente hemos “comprado” esta idea. La inflación para esa visión, es un requisito para el crecimiento. Una falacia construida desde una ideología tan corrupta moralmente como perversa ante una sociedad que cree que debe elegir entre inflación o crecimiento.

Son los mas pobres los que pagan los platos rotos, los que no tienen que gasto postergar, los que no pueden dejar de lado los consumos básicos y las necesidades mas elementales.

Crecer a expensas de la inmoralidad no resulta nada de que ufanarse. Es tremendamente vergonzoso ver como ciertos políticos festejan supuestos éxitos económicos que se mantienen en base a destruir sectores de la economía, quitarle competitividad apostando a una herramienta tan cortoplacista como opinable, siempre sobre la base de sobredimensionar el poder del Estado y el gasto público como camino ineludible.

Seguir creyendo que estamos frente a un modelo indiscutible y que nada debe modificarse es no solo inmoral sino también ocultar las tremendas consecuencias que este modelo genera en los sectores mas desprovistos y menos versátiles.

Aturdir al mercado, enviarle señales confusas, pararse desde la mesiánica actitud de saber en que se debe invertir, que industrias favorecer, es el camino mas repudiable.

Cuando al mercado le quitemos las vendas nos encontraremos con una deformada versión de la economía local, que no puede competir por sus propios méritos en muchos sectores de la producción, y que solo se sostiene sobre la base de esta deformación cambiaria que la disfraza de eficiente.

Se puede crecer, sin inflación. Se debe crecer sin inflación. Lo otro es mentirnos a nosotros mismos, y confundir gordura con hinchazón. Asignar recursos creyendo que somos eficientes desestructura las bases mas profundas de nuestra economía, debilitand asi a los mas débiles.

No es solo un problema de resultados. Juzgar a la economía por sus consecuencias inmediatas puede llevarnos directamente al infierno. Hemos vivido los argentinos experiencias de este tipo en reiteradas oportunidades y hemos también decidido que NO era lo que pretendíamos.

La inflación no es requisito para el crecimiento. Ninguna teoría seria lo demuestra. Mientras la ideología dominante sigue avanzando, la prebenda, el clientelismo y la demagogia ocupan el lugar inadecuado para cubrir ese empobrecimiento progresivo que castiga a los que menos tienen. Un Estado voraz, una maquinita que trabaja día y noche, y los perversos ingenieros del poder mientras tanto se regodean aplicando la receta mas inmoral de estos tiempos. Crecimiento como justificación para una inflación cada vez mas perversa.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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