Ganaron, y ahora…?
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Culminó el proceso eleccionario que consagró a Cristina Fernández de Kirchner como Presidente electa de los argentinos. Quedan muchas conclusiones por recorrer, algunas de ellas será importante tenerlas en cuenta para repasarlas en algún tiempo.

  • Los oficialistas de siempre. Como en tantas otras oportunidades, salieron en la foto los “conservadores” del poder, esos que prefieren la continuidad al cambio. Mas vale malo conocido que bueno por conocer. Se trata de esos que inclinaron definitivamente la balanza. Será cuestión de tomar nota, para que no se repitan historias que ya conocemos. No sea cosa que quienes votaron por el oficialismo ahora sean los mismos que reeligieron en su momento a Menem y hoy describen aquella época como la “década infame”. No sería deseable que se trate del mismo grupo que consagró en primera vuelta, con una mayoría aplastante a De La Rua para luego burlarse de su triste desempeño. Ojala en la próxima elección presidencial, no sean “estos oficialistas de siempre” quienes sin la autocrítica esperable de gente de bien, se ocupen de desbancar a la que hoy aplauden ciegamente.
  • El regreso de las prácticas antidemocráticas. Reaparecieron los tradicionales métodos tan discutidos de la picardía partidaria. Una nueva versión de la anti –democracia de los que predican a viva voz que aceptan el pensamiento diferente, pero en la práctica no solo lo detestan, sino que violarían cualquier norma formal o ética que ponga en riesgo la posibilidad de encontrarse con el éxito en esta ya acostumbrada democracia de mayorías donde parecen tener razón los que mas votos consiguen. Se denunciaron irregularidades que indicaban que desaparecieron boletas de varios partidos políticos, casualmente opositores. Una renovada práctica de la vieja política, esa que es el orgullo de los señores feudales de la partidocracia, de los perfeccionistas constructores del clientelismo. Preocupa la picardía, pero mas aun la ausencia de límites cuando se hace de este, un ejercicio sistemático que se fundamenta en la necesidad de favorecer los intereses de los que “ precisan “ ganar para sostener sus estructuras de poder político….. y económico obviamente.
  • Una oposición incapaz. Los números cantaron. Las agrupaciones mas importantes del arco opositor sumaron claramente mas que el oficialismo. Si bien en política no siempre 2 mas 2 equivalen a 4, resulta evidente que, de haber logrado el consenso y la conformación de una construcción única que hiciera frente al sólido oficialismo, otra hubiera sido la historia. No solo porque podría haber cambiado el resultado sino porque el equilibrio de poder, aun perdiendo, ofrecería otros contrapesos al sistema. Suena duro, pero la oposición ha sido “incapaz” no solo de ofrecer una alternativa viable, sinó también de resignar mezquinas ambiciones protagónicas. Se privilegiaron cuestiones secundarias. Los resultados están a la vista.
  • Los encuestadores se reivindicaron. Luego de ciertos significativos desvíos durante algunas importantes elecciones del año, en la elección presidencial se redimieron. Acertaron con mucha precisión, no solo en que no asistiríamos a una segunda vuelta, sino también, con aciertos en el orden de prelación y también en las cifras finales bastante ajustadas a las que resultaron finalmente como consecuencia de la decisión popular.
  • La soberbia de los triunfadores. Pese a los típicos y predecibles discursos de apertura y tolerancia, aparecieron los soberbios consuetudinarios. Se trata de una especie plagada de triunfalistas clásicos, esos que no solo se enorgullecen del triunfo, sino que también descalifican a los que no los votaron. No es un patrimonio exclusivo de estos oficialistas contemporáneos. Siempre están. Son figurita repetida. De hecho, varios de ellos han festejado los triunfos, en otros tiempos, acompañando a políticos con los que hoy no desearían fotografiarse.
  • La apáticos renovaron sus esperanzas. Todo hacía pensar que tendríamos una baja participación ciudadana. Se puede esperar mas, siempre se puede esperar algo mas, pero digamos que la anunciada apatía, al menos en el porcentaje de gente que decidió concurrir a votar, no se sintió mas de la cuenta. Aun no hay que cantar victoria. Los apáticos, siguen allí, con su apatía, solo que esta vez decidieron renovar el crédito, pero por poco tiempo. Otra desilusión alejará a varias generaciones.

Para los escépticos crónicos este proceso no es mas que una puesta en escena de una vieja dicotomía. Esa que enfrenta por un lado a los mas picaros, a los expertos en el arte de recurrir a todos los medios para ganar. Esos que ya saben como y de que manera se le saca el máximo provecho a las debilidades del sistema, para llevar agua a su molino. Del otro lado están los que conociendo las perversas reglas de juego, son tan ingenuos que se dejan superar por predecibles artilugios, de vieja trayectoria. Así rodeados por esta dualidad, nos empujan a optar entre los que recurren a cualquier práctica para ganar, incluyendo las que tienen que ver con anular el pensamiento diferente, al grupo de partidos que desafían al poder pero son presas de su propia ingenuidad, de su infantilismo, y fundamentalmente de esa incapacidad para construir y superar los escollos mas evidentes.

Ya ganó el oficialismo con esta mayoría TAN especial, que heredamos del repudiado Pacto de Olivos. Se trata de esa matemática mas que opinable, que dice que con algo mas de 40 puntos porcentuales y 10 de diferencia con la minoría que le sigue, cualquier agrupación política tiene mayoría ( ¿? ) y no precisa legitimarse en segunda vuelta alguna, que confirme esa mayoría que debería ser absoluta y no relativa.

Mucho para concluir después de la jornada electoral mas trascendente del año. Ganaron los que dicen que “el cambio recién comienza“. Sin dudas, la consigna promete. Habrá que ver si ese cambio que recién comienza tiene previsto combatir pronto a la inflación que el mismo modelo engendró. Será tiempo de ver como piensan hacerle frente al insoportable flagelo de la inseguridad. La desinversión energética y el creciente gasto público esperan soluciones que este gobierno no parece tener muy a mano, al menos no lo han demostrado hasta aquí. Igual insisten con esto de que “el cambio recién comienza”. Ojala que ese cambio llegue, pero pronto, y NO para profundizar los problemas que esta impaciente sociedad pide abordar.

Por eso, es el momento de preguntarse, ganaron, y ahora ……?

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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