Tal cual lo previsto
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No fue necesario esperar a que asumieran las nuevas autoridades electas. El triunfo de algunos opositores, en sus respectivas elecciones distritales, generó expectativa abriendo una esperanza de cambio. Varios de ellos, ya tienen preparados sus planes. Están dispuestos a llevarlos a cabo cuando finalmente ocupen los lugares para las cuales fueron elegidos.

Esas “sorpresas electorales” habían entusiasmado a muchos, incluso a quienes los votaron con cierta reserva, pero con renovadas expectativas. Ese ambiente festivo que caracterizó a los simpatizantes de esas fracciones, llevaba cierto espíritu de revancha, pero básicamente apostaba a un cambio que marcara la diferencia.

Lo cierto es que estos nuevos ganadores, ya anticiparon públicamente buena parte de sus proyectos. Lamentablemente no fueron sorpresa. Contemplan aumentos de impuestos, persecución a los evasores, realización de grandes obras de infraestructura y, por lo tanto, un Estado nuevamente omnipresente. En definitiva, casi lo mismo que hubiera hecho el oficialismo actual.

Algunos ilusos, creyeron ingenuamente que estas supuestas expresiones contrarias al oficialismo serían demasiado diferentes. No lo son. Quedó confirmado, tal vez incluso, bastante antes de lo esperado. Solo han sido capaces de criticar la frivolidad de los detentadores del poder o cuestiones de estilo bastante mas superficiales que no hacen a la esencia.

No se trata entonces de nombres, de hombres o de líderes mas o menos carismáticos, se trata sí de las ideologías que subyacen a sus circunstanciales partidos, frentes o alianzas. Pretenden mostrarse diferentes pero son solo un matiz levemente distinto del mismo color, de idéntica idea.

Nada los diferencia demasiado. Oficialismo y oposición piensan parecido. Creen en un Estado recaudador que sostiene su actividad creando y reformulando sistemáticamente impuestos que parecen competir entre ellos por su perversidad. Su visión básica se circunscribe a un Estado que todo lo puede, que debe ocuparse de casi todo y que tiene como misión principal regular la actividad de cada ciudadano.

Ninguno de ellos, ni oficialistas ni opositores, creen en el individuo, en sus habilidades y por sobre todo, en su libertad. Solo están seguros de saber mas que cualquier ciudadano. Por eso pretenden, con soberbia, disponer de sus vidas, quitándole mediante regresivos impuestos el fruto de su esfuerzo, el resultado de su trabajo. Establecen reglas que determinan muchos aspectos de la vida interfiriendo en cuanta actividad decide el ser humano encarar.

Esa es su ideología y evidentemente van a ejercitarla desde el primer día que les toque en suerte gobernar. Lo novedoso, lo diferente, no es precisamente aumentar impuestos, sino justamente disminuirlos. Para que nos sigan gobernando los recaudadores de siempre, hubiera sido suficiente elegir a los mismos.

Es triste, pero era ha sido fácil predecirlo. Solo era preciso escucharlos con menos triunfalismo. En realidad, nunca fueron diferentes. Son una expresión aggiornada del oficialismo. Tienen la misma manera de pensar. Tal vez solo se han ocupado de ofrecer formas atenuadas del mismo autoritarismo y ese mesianismo del que nos queremos desprender, pero al que le renovamos crédito en forma persistente. Es que los problemas no se resuelven solo con formas distintas, sino mas bien con ideas diferentes. Las actuales ya las conocemos e insistir en ellas con nuevos personajes, solo nos llevan por el mismo camino.

A veces parece que vamos a elecciones solo para votar gerentes, como si fuera este un mero ejercicio de administración de recursos. Los impuestos que paga una sociedad esquilmada reiteradamente son abusivos, demasiados y es tiempo de que los gobernantes encuentren la manera de preparar la retirada de un Estado que no solo ha demostrado ser ineficiente, sino que pretende ocuparse de cuestiones que lo exceden en sus atribuciones.

Ahora empezamos a darnos cuenta que solo hemos elegido diferentes formas de hacer lo mismo. Es tiempo de dejar de lado esta farsa permanente de mostrarse diferentes a los que solo saben gobernar de una manera. La ideología imperante sigue haciendo de las suyas. Están decididos a profundizar el ataque a las libertades individuales, anulándolas una a una, siempre bajo el hipócrita discurso de la defensa de supuestos derechos superiores camuflados detrás del “bienestar general”.

Ayn Rand decía que “NOSOTROS es la palabra con la que los depravados roban la virtud a los hombres rectos, con la que los débiles roban el poderío a los fuertes, con la que los necios roban el conocimiento a los sabios”

También decía que “”Cuando vean que para producir necesitan obtener la aprobación de quienes no producen nada; cuando vean que el dinero fluye a quienes comercian no en bienes sino en favores; cuando vean que los hombres se hacen más ricos a través de la estafa que del trabajo, y sus leyes no lo protegen de ellos, pero los protegen a ellos de ustedes; cuando vean que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en un sacrificio personal; sabrán que su sociedad está condenada”

La cosa es simple. El Estado se sigue fortaleciendo. Ahora no solo cuenta con el oficialismo, sino también con la renovada versión de una oposición, que no solo no propone nada distinto, sino que nos deja sin opciones. Lo concreto es que todo esta sucediendo tal cual lo previsto. Asistimos a otra desilusión.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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