Saludar con sombrero ajeno
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Algunas provincias y unos cuantos municipios están despidiendo el año con el grandilocuente anuncio de que otorgarán un monto a cada miembro de la administración pública en estas fechas. Corrientes no ha sido la excepción a la regla.

Le han dado en llamar, plus navideño o adicional salarial. Vaya eufemismo. En un año donde la puja remunerativa ha sido la vedette, abusando del siempre extorsivo recurso de la huelga, este “supuesto regalo” pretende dar oxigeno lineal e igualitario.

Poco puede sorprender hoy el accionar de la corporación política. Cometeríamos un gran error si pensáramos que esta es una decisión solo de un grupo específico de la partidocracia. Muy por el contrario, comulgan con esta forma de concebir la administración de recursos todos los partidos políticos. Al menos hasta ahora, no hemos leído, visto ni escuchado a sector alguno del abanico ideológico que haya repudiado claramente semejante decisión.

Tampoco esto llama la atención. Después de todo, esto solo confirma que la política tradicional se mueve como una gran corporación. En este caso, lo ha llevado a cabo el oficialismo de turno, pero lo hubieran concretado de todos modos otros si estuvieran en idénticos roles.

Si esto no es populismo y demagogia, pues que lo es. Vale la pena insistir en la idea de que no se trata nomás de quienes lo implementan sino del silencio cómplice de quienes forman parte de la política cotidiana y que están de acuerdo expresamente o, los que, peor aun, estando en desacuerdo optaron por el silencio, ese que evita restar votos. Hasta es posible que este último caso sea peor que el primero.

Pero sería fácil caer en la trampa de responsabilizar exclusivamente a quienes toman la decisión por acción o apoyan por omisión. Esta claro que la dirigencia política actúa en forma corporativa. También es cierto, que responde a veces, al clamor de los aplausos.

Lo que resulta, tal vez, mas extraño es como ciertos sectores de la vida privada no caen en la cuenta de que estos recursos que hoy se “reparten graciosamente” disfrazados de reivindicación salarial, han sido previamente detraídos de sus bolsillos.

La riqueza no se multiplica en manos de burócratas. Ellos solo saben repartir lo que otros han generado. Los recursos solo pueden crecer en el ámbito de la producción, de la creación de ideas desarrolladas bajo el esfuerzo privado que solo el denostado lucro moviliza.

La actitud simplista de algunos comerciantes que festejan este imprudente reparto pretendiendo encontrar justificativos de dudosa moralidad, en la reactivación económica que esto implica, realmente desafía el sentido común.

Creen acaso estos comerciantes que celebran este “plus”.que si esa riqueza no hubiera sido detraída del sector privado previamente no hubiera generado idéntico impacto ?,

Pensar que estos recursos son algo así como el “maná”, ese manjar milagroso enviado por Dios como escarcha para alimentar al pueblo de Israel en el desierto, es realmente desconocer el funcionamiento de la economía toda.

Siempre que estamos en presencia de un subsidio, como claramente lo es este caso, existe transferencia de recursos de un sector de la sociedad a otro. Empeora la ya inmoral situación la supuesta similitud de recursos ( a todos el mismo monto ) utilizados en esta ya obsesiva pasión por la igualdad.

En esta sociedad, existe un prejuicio que supone que quitarle a los que mas tienen para entregarles recursos a los mas pobres, en esa especie de reencarnación de Robin Hood, es correcto y goza de un paraguas moral que todo lo justifica.

Mas allá de estar en las antípodas de este “controvertido” principio, cabe decir que con esta idea implementada en estos días, tampoco se consigue dicho objetivo.

Estos recursos que llegan a empleados y jubilados de la administración publica no son aportados mayoritariamente por los sectores que perciben mas ingresos de nuestra sociedad, sino muy por el contrario por los miles de habitantes, que no tienen un empleo, aquellos que poseen trabajo remunerado informal, los que solo conducen un emprendimiento y todos esos sectores que no tienen acceso a casi nada.

En comunidades como las nuestras, donde los indicadores económicos son los que ya conocemos, son ellos quienes aportan el grueso de los ingresos de las arcas públicas cuando pagan a diario esos impuestos que luego se coparticipan.

Con lo cual resulta sencillo concluir que en realidad con estas peregrinas ideas solo se logra transferir recursos pero en un sentido inverso, léase sacándoles a los que no tienen casi nada, para otorgárselos a los trabajadores del sector publico.

Si transferir recursos de un sector a otro ya resulta inmoral, es posible que quitárselo a los que nada tienen resulte incluso hasta perverso.

En un país en el que para obtener mayores ingresos es suficiente pertenecer al sindicato adecuado, ese que logra hacer mayor lobby en la negociación con los detentadores del poder, no resulta demasiado raro que estas prácticas típicas de los amantes del distribucionismo sean moneda corriente.

Mientras tanto, mientras los argentinos reflexionamos sobre a donde nos conduce esta permanente actitud de avalar al populismo, silenciando nuestras críticas para evitar caer en antipatías, acerca de lo que “creemos” que piensa la mayoría de nuestros conciudadanos, los que administran los recursos, esos que deciden sin consultar, seguirán saludando con sombrero ajeno.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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