Saqueadores y abusadores
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El debate legislativo ya tuvo su espacio. En definitiva, solo fue una continuidad del que presenciamos durante meses por los medios de comunicación.

Por momentos lograron convencernos, que estaban unos defendiendo a los sectores productivos y otros tratando de esquilmarlos, quedándose con parte de la renta. En realidad, este debate nunca fue así. La discusión ha girado, desde el comienzo, entre los que pretendieron agudizar el saqueo hasta el infinito con las resistidas retenciones móviles y los otros, que dijeron que “con esto es suficiente”.

Nunca existieron “lados”. Solo se trató de una cuestión de matices entre los saqueadores tradicionales y esta nueva casta de abusadores.

Ambos, oficialistas y opositores, coinciden en buena parte de la ideología de base de este proceso. Todos acuerdan en la presencia de una renta excepcional. Comparten esa visión de que el campo gana demasiado dinero en circunstancias internacionales favorables como las actuales. Dicen, casi por unanimidad, que ese excedente debe ser distribuido a toda la sociedad. También comparten esa mirada de que el instrumento para esa redistribución es el Estado.

No coinciden en cuestiones de forma, y por allí ha pasado, en realidad, buena parte de la discusión. Unos estuvieron a favor de un esquema de retenciones móviles, otros las pretendían fijas, pero TODOS acordaban respecto de las retenciones. Es mas, hasta lograron afinidad en que los pisos fueran tan altos como hasta principios de año. Cuesta entender, en este contexto, que los supuestos “defensores de la producción” hablen de 30 por ciento como si fuera un éxito.

Unos pretendieron imponerlo vía resolución ministerial, otros aspiraban a la imprescindible participación del Poder Legislativo. Una cuestión de formas, importante sin dudas. Nada menor. Pero hay que decirlo, la ideología reinante es absolutamente coincidente. Unos y otros comparten la mirada de fondo.

Solo difieren en el tamaño del saqueo. Termina siendo una cuestión cuántica, numérica. Lamentablemente, la dirigencia rural, con resignación, tal vez con cierto temor de no caer en discursos “políticamente incorrectos”, acepta esta teoría ciertamente culposa de que los que ganan deben contribuir.

Así, seguimos recorriendo este camino donde discutimos, como sociedad, el tamaño del saqueo y no la cuestión que explica la necesidad de semejante expoliación. Nuestra mirada estatista, esa que le atribuye al Estado TODAS las responsabilidades, les ha permitido a estos políticos modernos convertirse en los creadores de diversas formas de apropiación de la riqueza generada por otros. Así podrán solventar los cuantiosos gastos que demanda el tamaño del Estado que ellos mismos engendraron con la anuencia social.

Es que aspirar a un Estado que se ocupe de casi todo, implica solventarlo de alguna manera. Para ello resulta inevitable recurrir a los fondos que solo puede generar el que produce. Asumido lo previo, la discusión termina circunscripta a quien, como y cuando quitarle recursos a los emprendedores, a los que son capaces de multiplicar los bienes, a los únicos que saben hacerlo

Nuestros políticos, amantes del Estado del Bienestar, serán luego los encargados de ofrecerse generosamente para ser electos, y de esa manera administrar los cuantiosos recursos que otros generan y aplicarlos a las múltiples necesidades que la sociedad les reclama.

Así se ha construido esta casta de dirigentes que saben mucho sobre inventar ingeniosos mecanismos impositivos que logran quedarse con lo ajeno, para luego ser ellos quienes emprendan la actividad solidaria de defender a los desposeídos y lograr la igualdad tantas veces recitada.

En estas cuestiones los partidos políticos de estas latitudes se parecen demasiado. Sus diferencias se establecen en término de nombres, hombres y formas, cuestiones tan sutiles como muchas veces imperceptibles.

Todos coinciden en la necesidad de saquear a los que generan esos recursos, y hacer lo preciso para convencernos como sociedad, de aquella frase que dice “donde hay una necesidad existe un derecho”.

Esa filosofía ha permitido construir un MEGA ESTADO, que más allá de su ineficiencia intrínseca para resolver los problemas que se le ha encomendado, reproduce una ideología capaz de descubrir nuevas necesidades que justifiquen nuevos derechos. Eso es lo que posibilita seguir apropiándose de los ingresos de otros para sostener estructuras cada vez más poderosas y propietarias de la voluntad de la gente que dicen gobernar.

El círculo vicioso es conocido. Nadie que pertenezca al sistema esta dispuesto a retroceder en ello confirmando esa visión que dice que el “Estado cuando avanza difícilmente retrocede”.

En este debate, como en tantos otros, no tuvimos quien defienda el derecho a generar más riqueza para provecho de todos. Esa visión no sería funcional a los intereses de quienes pretenden erigirse como eternos administradores de los bienes de otros.

Solo puede detenerlos una sociedad que advierta la avanzada de esta casta de políticos que supimos engendrar y que nos han engañado, con conocimiento de causa, con seductores discursos que nos hablan del pueblo, de la solidaridad y de valores tan loables como inexactos. Mientras no podamos asumir el problema como sociedad, seguiremos asistiendo a este falso debate entre saqueadores tradicionales, y esta nueva versión perfeccionada de abusadores.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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