La república también se equivoca
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El Gobierno de Estados Unidos tomó el control de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, en el que, parece ser, el mayor rescate federal de su historia. Los argumentos abundaron, pero la versión oficial dice que intentan evitar turbulencias en los mercados financieros mundiales.

El Tesoro ya asumió miles de millones de dólares y va por más buscando el respaldo legislativo para sumar cientos de miles de millones para redoblar la apuesta. La Reserva Federal actúa en sintonía y paradójicamente los Bancos Centrales, de varios países importantes, se encuentran alineando acciones para “sostener” el andamiaje prefabricado de este presente

Es una determinación polémica que se ha instalado en los ámbitos internacionales y sobre la que algunos analistas siguen opinando, lamentablemente, con un lente sesgado. Quieren justificar lo que es una equivocada decisión, apelando a sus loables intenciones y a las trágicas consecuencias, que suponen, se derivarían de su omisión.

Es increíble que sigan gozando de prestigio profesional algunos de estos que opinan según quienes toman las definiciones. Critican asimilables cuestiones de menor relevancia en América Latina porque provienen de presidentes populistas y demagogos, muchas veces de dudoso ejercicio democrático. Como contrapartida, validan estas decisiones, por el solo hecho de provenir de la mayor escuela republicana del globo. Grotesco error, que habla bastante mal de sus cualidades profesionales y mucho más aun de su escala de valores.

A no confundirse, las decisiones son acertadas o equivocadas, no según quien las toma. Tampoco según la circunstancial legalidad que le confiere el funcionamiento de las instituciones. El prisma de los valores, de las creencias, de las convicciones, no puede verse empañado por las preferencias emocionales.

Las repúblicas democráticas también cometen desaciertos. La tentación del intervencionismo no es monopolio del subdesarrollo. El planeta se ha puesto muy sensible frente al ciudadano medio que exige garantías fuera del mundo real.

La certeza paso a ser un valor para esta sociedad moderna que ya no tolera turbulencia alguna, desconociendo las implicancias positivas que muchas veces se derivan de ellas. Aparecen entonces los “mesías de turno”, esos que creen que con la “oportuna” intervención del Estado le devuelven serenidad a los mercados.

Los mercados no precisan serenarse, sino solo de transparencia y reglas claras. Reaccionan duramente, como en esta circunstancia, solo cuando las condiciones se vieron modificadas ANTES en forma artificial, manipuladas por los mismos que hoy aparecen como protectores.

El Estado americano cimentó las bases del nacimiento de estos engendros hipotecarios cuando en 1938, en el marco del New Deal, Fannie Mae fue fundada por el presidente Franklin Roosevelt. Décadas después, paso a manos privadas, con mecanismos que recuerdan las más reprochables y mal llamadas “privatizaciones” latinoamericanas.

En ese origen rodeado de regulaciones y en la activa participación y preponderancia del intervencionismo monetario norteamericano hay que buscar las explicaciones para este cimbronazo. Cuando se le mete mano artificialmente a la economía, particularmente a la moneda, utilizándola como forma de regular el nivel de actividad económica, para “saltearnos” crisis, invariablemente, solo las postergamos para que cuando aparezca sea temible.

Los analistas decidieron bautizar a esta movida como “rescate”. Otros mas sutiles hablan de “intervención“, o hasta del status jurídico de “tutela”. Pero todo esto sucede porque se trata de EEUU. En América Latina lo llamarían “estatización” o “nacionalización”. En definitiva, recurrieron a eufemismos lingüísticos que intentan edulcorar con palabras decisiones, a todas luces, cuestionables.

Toda la cuestión se ampara en la necesidad de evitar una CRISIS MAYOR. El problema es que el costo de esa crisis la paga el ciudadano medio, el contribuyente de esa nación, al financiar con sus impuestos al Estado. Dudosa decisión moral la que se plantea.

El candidato presidencial republicano McCain, consideró que la toma de control federal de los gigantes es un paso en la dirección correcta. El candidato presidencial demócrata Obama, dijo que la medida del Gobierno era necesaria para evitar una profundización de la crisis económica. El presidente Bush alegó que la quiebra de las hipotecarias, implicaría un “riesgo inaceptable” para la mayor economía del planeta.

La intervención del gobierno de los EEUU en las mayores agencias hipotecarias del país “ayudará a sustentar los mercados”, afirmó en una declaración el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss Kahn. En definitiva, nada más que otra versión del pensamiento único en materia económica. Lo que el socialismo llama “establishment” no es más que un grupo de burócratas conservadores que hacen un culto del status quo, ante una sociedad que tolera cada vez menos ver modificada su vida cotidiana y valida estas intervenciones creyendo en sus bondades, y empujando a la política en esa línea. Hasta que punto será esto así que hasta los populistas líderes latinos, amantes del intervencionismo estatal no solo han festejado la decisión, sino que hasta pretenden mostrarse como modelos por sus experiencias latinas.

Esta retórica justificación de la intervención del Estado esconde profundas mentiras y no ayuda a enderezar la ya retorcida mentalidad económica de nuestros dirigentes políticos. Muy por el contrario, se constituye en un PESIMO antecedente y otorga “un cheque en blanco” a los populistas y demagogos del mundo entero, especialmente a los latinos. Si la “Republica ejemplar” lo hace, que dejamos para el resto, podría inferir cualquiera con bastante realismo.

La intervención estatal en Estados Unidos lo único que hizo fue privilegiar a los menos y castigar a los más, en lo que ya es un clásico del intervencionismo económico. Los beneficiados fueron una vez mas los poderosos, los que hacen lobby, los que asumieron riesgos desmedidos, fundamentalmente el mercado financiero. La gente, no recibe protección alguna de esta manera. Muy por el contrario, paga la fiesta.

Si realmente funcionara el mercado, SIN intervención estatal, esas hipotecas jamás hubieran existido. Negociarlas en un marco de IMPOSIBILIDAD de rescate, hubiera sido no solo un acto de irresponsabilidad, sino inviable por las pérdidas que se derivarían de ellas.

La impunidad ofrecida por la tácita presencia del Estado en momentos de crisis, ha funcionado como el garante automático para que todo finalmente fracase como ya queda a la vista.

EEUU es un ejemplo de democracia. Ya nadie puede negarlo. Exhibe una continuidad republicana inigualable. Pero hace años transita un camino de deterioro, fundamentalmente en lo económico, aceptando la participación estatal en cuestiones que ya deberían haber sido superadas. Esta recorriendo un sendero peligroso, abandonando los principios que la convirtieron genuinamente en uno de los países más serios del planeta. Odiado y amado, es testigo de la dualidad que el mundo le propone. Muchos millones de ciudadanos del mundo desean vivir allí. Los capitales del globo buscan refugio en su moneda y sus instituciones, por el respeto a la propiedad privada que las mismas preservan. Todo eso se contrapone con el rechazo que provocan su actitud gendarme, cierta cuota de soberbia paternalista y su cuestionable política internacional.

Los analistas debieran aprender que no pueden seguir sesgando tan temerariamente su mirada, porque la república también se equivoca.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina

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