Persevera y triunfarás
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Definitivamente la lucha aislada no sirve, al menos no alcanza. Ellos, los que están en el poder saben que estas espasmódicas reacciones populares se ponen de moda y luego caen por su propio peso. La gente se desanima pronto y todo queda en la nada, renovando nuevamente la desilusión. Ellos lo saben, solo deben tener algo de paciencia. La historia dice que “ya se les va a pasar”.

Nadie parece recordar el “que se vayan todos”. Tampoco el “no se olviden de Cabezas” o cada una de las numerosas marchas pidiendo justicia para esclarecer cada aberrante crimen. Donde quedó aquella convocatoria para hacerle frente a la inseguridad que llenó una plaza con miles de ciudadanos que decían BASTA ?. Que sabemos hoy de la movilización provocada por la indignación que produjeron los hechos de Cromagnon o mas recientemente, por donde anda la causa del campo ?.

Los argentinos decimos querer cambiar la historia, pero para eso deberemos aprender antes, que esta es una lucha dispar. Eso no hace imposible ganarla. Pero si implica, la imprescindible necesidad de entender que para triunfar habrá que desarrollar una habilidad, una virtud, de la que, al menos hasta a hoy, hemos mostrado poco y nada. Las causas nobles siempre ganan, pero precisan de importantes esfuerzos y de una perseverancia que solo es propia de aquellos que entienden y están comprometidos con esa lucha.

Debemos dejar de ser tan REACTIVOS. Hasta ahora nos hemos comportado como simples espejos que refractamos la situación del momento. Ellos, establecen la agenda de discusión. Plantean el tema, el como y el cuando. La sociedad mientras tanto solo atina a vociferar críticas, quejarse hasta el cansancio y bailar la danza que propone el poder. Antes fue la preocupación por la inseguridad, luego lo del campo, hoy el tema previsional. Pero no venimos ganando batallas, solo hemos conseguido postergar cada problema importante para darle paso al nuevo asunto que propone la agenda oficial.

Es bastante probable que dentro de unos pocos meses estemos hablando de la crisis económica, de la institucional, o mucho peor aun, de alguna otra causa más frívola o irrelevante que la actual. Para ese entonces, las actuales luchas habrán quedado en el olvido, como tantas otras veces en el pasado.

Es en esa falta de perseverancia donde perdemos territorio, es allí donde nos aplastan, y ellos lo saben. Lo más grave es que lo saben, conocen nuestro comportamiento social y conocen también con bastante certeza que nos volverán a derrotar, como lo hacen casi siempre. Salvo que esta vez, lo hagamos de un modo diferente.

El mensaje no pretende ser negativo, ni pesimista. Muy por el contrario, lo afirmado pasa por recordar que si simplemente REACCIONAMOS no iremos demasiado lejos. Ganaremos pequeñas contiendas, pero solo harán que el adversario se repliegue para buscar una nueva y mas refinada estrategia para terminar torciéndonos el brazo.

Ellos, las minorías organizadas siguen triunfando. Nosotros, las mayorías desorganizadas seguimos acumulando derrotas. Tal vez sea tiempo de parar la pelota y organizarnos, para asumir determinados roles. Necesitamos gente que sea capaz de dar lucha desde su lugar, desde la política o el arte, desde la tribuna académica o las organizaciones sociales, desde el deporte o el periodismo. NO sirve que todos hagamos de todo. Es inconducente. Abundan pruebas sobre ello.

Precisamos bastante más que bronca para cambiar la historia. NO alcanza con encontrar un nuevo Mesías que reemplace al que nos viene desilusionando en el presente. Esas historias ya las conocemos, De hecho hoy convivimos con esos personajes que nos vinieron a rescatar de la corrupción y de la impunidad.

Argentina parpadea. Pasa de la resignación a la impotencia, para luego envalentonarse y confrontar con el poder por espacio de algunas semanas, llevando como bandera el circunstancial tema del momento

Es que la resignación es parte de la estrategia de los oficialismos de turno. Ellos saben que pueden hacernos sentir a los ciudadanos, esa sensación de que no vale la pena, que mas vale plegarse a la realidad y entregarse mansamente.

Trabajan a diario para que esa resignación se desarrolle y para que creamos que no esta a nuestro alcance cambiar el rumbo. MUCHOS trabajan para ello, para que tengamos esa sensación de que nada podemos hacer.

Al éxito se llega con buenas ideas, con creatividad, siguiendo a veces el menos convencional de los caminos. Pero ninguna buena idea, se logra, sin perseverancia, sin tenacidad, sin convicciones. Creer que las grandes batallas se ganan sin superar previamente escollos en el camino, es no haber tenido sueños.

La concreción de las ilusiones, solo se consigue después de haber saltado vallas, muchas por cierto, y de haber tropezado varias veces en el proceso. No existe tal cosa como el éxito sin inconvenientes.

Por eso, la lucha, el premio, el éxito, valen la pena en tanto uno está dispuesto a perseverar. Los intentos solitarios, la falta de determinación, la inconstancia, solo pueden conducirnos nuevamente al fracaso. Y con ello llega la frustración. Ya lo dice aquella famosa cita. El camino al infierno esta plagado de buenas intenciones.

Se trata pues de no quedarse en el discurso bonito y llevarlo a la acción. La retórica es un excelente recurso, pero resulta insuficiente sin una consecuente acción.

Los hombres que cambiaron la historia, los que dejaron algo positivo en esta vida terrenal, los que legaron a sus hijos alguna lección, son aquellos que tuvieron un sueño, pero apostaron por él con cada centímetro de su ser, arriesgando todo por ello.

Cuando miramos con admiración lo que han logrado otras sociedades, o nuestros antepasados en otros tiempos, debemos entender que no llegaron alli con un simple chasquido de dedos. Lo lograron con esfuerzo, tenacidad, y hasta alguna cuota de tozudez

Para los que dicen que no se puede cambiar la historia de nuestro pais, de nuestra provincia, de nuestra ciudad, de nuestro barrio, solo hay que recordarles que el éxito tiene un costo. El esfuerzo debe encontrar soporte en las convicciones, y estas requieren de tiempo, perseverancia, tenacidad para plasmarse. Si no estemos dispuestos a ello, tal vez sea tiempo de que aceptemos que no podemos cambiar la realidad. Pero a no quejarse. La batalla se gana solo con esfuerzo, lo otro es solo impotencia e ingenuidad.

Los poderosos están equivocados pero, hay que reconocerlo, han sido tenaces. A su evidente perversidad le han agregado una importante dosis de insistencia. Todos ellos llegaron luego de importantes historias de intentarlo hasta el cansancio.

Es tiempo de aceptarlo, los profesionales de la crítica solo muestran retórica, pero la historia no se cambia solo con eso.

Estamos en caída libre hace ya bastante tiempo. Cambiar esa fuerza inercial depende de nosotros, pero no será con voluntarismo que lo lograremos. Para salir de ese camino circular, hace falta mucho más que un ampuloso discurso e impulsivas reacciones sociales. Necesitamos objetivos claros y férreas convicciones. Será la única forma de hacer historia, recordando eso que tantas veces les decimos a quienes nos rodean: PERSEVERA Y TRIUNFARAS.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
Corrientes – Corrientes – Argentina
03783 15602694

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