Estacionamiento Reservado. El paradigma del privilegio.
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Intentar estacionar el vehículo en el centro de la ciudad, es una verdadera aventura. Salvo, que uno tome la decisión de hacerlo en algunos de esos escasos y costosos estacionamientos privados. Intentarlo en los lugares públicos es un verdadero desafío.

Se podría pensar que esto ocurre porque el parque automotor supera largamente las posibilidades que ofrecen los microcentros urbanos. Es cierto, pero solo parcialmente.

Es que un grupo de iluminados funcionarios comunales, deciden en cada gestión, en esta, en las anteriores y seguramente en las que vendrán, otorgar discrecionalmente, estacionamientos reservados a diferentes estamentos del poder formal.

El estacionamiento reservado, es ese espacio de nuestras calles del que los poderosos han decidido apropiarse, con vaya a saber que atribución que se han arrogado unilateralmente.

Es probable que este no sea uno de esos temas de trascendencia global. Tampoco debería ameritar tantos renglones. Pero es emblemático y simbólico. Es un asunto secundario en si mismo, que muestra claramente el paradigma de los privilegios.

Al deambular por las cuadras de la ciudad, es simple encontrarse con esos espacios reservados donde estacionan los vehículos del poder. Lugares especialmente demarcados con líneas de color, con ampulosos carteles y claros límites, que indican que SOLO ELLOS pueden estacionar allí. Un verdadero símbolo del privilegio.

Una recorrida muy superficial, nos muestra el estacionamiento reservado para distintas oficinas del Poder Ejecutivo. Cada Ministerio o subsecretaria, cada dirección, ente autárquico u oficina, gozan de este espacio frente a su sede para uno o más vehículos.

El Poder Legislativo tambien dispone de esos lugares. Obviamente el Poder Judicial no es la excepción. No podía dejar de dar la nota.

Tambien hacen uso de esta arbitraria atribución, el municipio con sus diferentes dependencias. El poder público local no solo hace ese discrecional uso para otorgarles privilegios a los funcionarios públicos, sino que además lo aplica con las organizaciones gremiales. Los representantes de los trabajadores no podían quedar al margen.

Si a esos espacios reservados le agregamos los otros lugares que la administración comunal concede a las motos en algunas esquinas, las cuadras enteras asignadas a los ómnibus que conforman el servicio de transporte público de pasajeros, como así tambien a las paradas de taxis y remisses, realmente la aventura de estacionar se constituye en una travesía.

El uso y abuso del poder para otorgar privilegios es siempre cuestionable. Podríamos hacer un esfuerzo por entender aquellos casos en los que se involucran cuestiones de seguridad. Tal vez pueda ser el caso de los vehículos de transporte de caudales que deben ingresar o retirar dinero de los bancos. Podríamos hacer nuestro mejor intento por comprender cuando por razones de orden urbano se habilita a los colegios a tener momentos especiales del día para que puedan, los padres y transportes escolares, dejar o retirar a los chicos de los establecimientos escolares. Pero aún así, solo hablaríamos de excepcionales circunstancias, y solo en horarios de saturación o expresa necesidad.

Resulta difícil entender para que precisa un funcionario del poder ejecutivo, legislativo o judicial, tener su vehiculo estacionado en la puerta de su lugar de trabajo. Tampoco parece fácil explicar, para que un jerarquizado empleado municipal, o menos aun un dirigente sindical, precisa estacionar su coche en el frente de sus oficinas.

A la típica vida sedentaria de los oficinistas del poder se agrega ahora su comodidad para evitar la fatiga de conseguir estacionamiento. No sea cosa que deban caminar algunas cuadras o perder sus valiosos minutos para generar resultados a la sociedad que los eligió directa o indirectamente.

A los privilegios del vehiculo oficial y del chofer asignado, se suma así esta otra forma de ostentación del poder.

La paradoja es que se trata de los supuestos defensores de la igualdad. Vaya forma de ejercer esa lucha, auto concediéndose el privilegio de estacionar en la puerta, o lo que puede ser tan grave, gestionando ese privilegio para beneficiarse en forma personal.

Hay que insistir con que este es un tema menor, prácticamente irrelevante, pero tremendamente paradigmático. Si en estas cosas intrascendentes, algunos funcionarios razonan de esta manera, es realmente improbable esperar de ellos criterio, equidad, justicia y sentido común.

El show de los privilegios urbanos se complementa con esos pases especiales que permiten, con solo exhibirlos, superar zonas no permitidas o estacionar en “cualquier lugar”. Los periodistas y comunicadores suelen traficar también con esta forma de abusar de los privilegios que algunos de los poderosos de turno, ostentan con absoluta impunidad, como si fueran los absolutos dueños de la ciudad. Solo podemos suponer que esos “favores urbanos” deben tener alguna contraprestación. Eso es solo mera imaginación.

Seguiremos insistiendo en la aventura cotidiana de encontrar un lugar para estacionar el vehículo en los pocos espacios que los ciudadanos comunes tenemos asignados. Son los espacios que “nos quedaron” después de la repartija indiscriminada que han acordado los autoproclamados propietarios de la ciudad con los circunstanciales privilegiados, siempre a espaldas de sus representados.

Tal vez sea tiempo de predicar con el ejemplo. La perdida de credibilidad en la política, en el poder, no es pura imaginería. Tiene sustento en banalidades, que como estas, carcomen las bases de cualquier construcción social, porque vulneran las más elementales normas de convivencia. Usar el poder para abusarse y humillar a los administrados, no parece el camino. Al menos, no es la receta que utilizarían quienes respetan a sus representados y creen férreamente en la igualdad que tanto recitan, pero que tanto les cuesta ejercitar con hechos concretos.

El estacionamiento reservado sigue siendo un tema irrelevante. Pero no hay dudas, que su vigencia, es una pequeña muestra de cómo se ejerce el poder. Sigue siendo aún, el paradigma de los privilegios.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
Corrientes – Corrientes – Argentina
03783 15602694

Un Comentario en “Estacionamiento Reservado. El paradigma del privilegio.”

  1. Alberto Dice:

    Estimado amigo estoy totalmente de acuerdo con lo anterior manifestado,ya que padezco esta situación.
    Soy de la localidad de Escobar,vivo al lado de la fiscalía del mismo distrito,y me vivo peleando con los funcionarios de dicha entidad,si bien hay un lugar reservado para vehículos policiales,(porque cuando hay traslados de detenidos descienden frente a la fiscalia, lógicamente en la vía pública,mas de una vez estos vehículos se ven con el impedimento de estacionar en el lugar delimitado,porque están los vehículos de los empleados de la fiscalia,como ud,se refiere haciendo abuso de su poder.
    Quisiera saber como podría actuar contra esto,o demostrarles que ellos no pueden estacionar en ese lugar porque su vehículo es para uso particular,ya que les he pedido oblea o cédula alguna que a merite que el vehículo es usado por el poder judicial y no el particular,y lógicamente se van en palabras diciendo ………..nada.
    Los autos se quedan estacionados desde las 07.00 hs hasta las 14.00 hs.y cuando a rueda de testigos que vienen los presos los vehículos policiales se detienen en mitad de la calle,( calle de única mano) o pasando la fiscalia ,y bajando a los presos por la calle esposados,si así como ud. lee, por la calle.
    A mi no me molesta ,o mejor dicho si me molesta,dado que esta enfrente de mi casa y nunca puedo parar.
    Tengo mi madre discapacitada y cada vez que la tengo que llevara una interconsulta médica tiene que caminar 50 o 100 mts, para subir al auto,porque dichos funcionarios tienen que bajar y estacionar sus vehículos frente a sus oficinas.
    Le agradezco su tiempo,y quedo a una repuesta de como actuar.Alberto Martinez

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