Tiempo de tomar las riendas.
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Para América Latina el 2008 fue un año complejo. Argentina no escapó a esa matriz. Gobernantes ineficientes, fundamentalmente inescrupulosos, carentes de valores morales, tiraron por la borda años de esfuerzos, ufanándose de sus “supuestos” logros.Después de todo, muchos de ellos abandonarán el poder pronto, obviamente a contramano de sus intenciones de perpetuidad. Algunos ya preparan “la huida”. En su interior, saben que sus mentiras tienen patas cortas y que la sociedad tarda en procesar determinadas circunstancias, pero finalmente las asume y actúa en consecuencia.Solo resta enfocarnos en lo que vendrá. Es tiempo de pensar en que es lo deberíamos hacer los latinos, para no repetir cíclicamente estas historias, con los mismos errores, y en que medida la oposición entiende que las criticas al oficialismo también los alcanza.

Cuando hablamos de populistas, de demagogos, nos referimos al oficialismo, pero también a los más de los opositores. Ellos, como los que gobiernan, tambien son adictos al discurso “políticamente correcto”. Muchos dicen verdades a medias compartiendo procedimientos con la política tradicional. Ya han dado muestras muchas veces de que sus practicas no difieren demasiado de lo que critican.

Partidos políticos autoritarios, sin democracia interna, poco transparentes, con una notable incapacidad para explicitar como se financian. Eso se encuentra en el oficialismo, pero tambien en la oposición. Excepciones a esta regla existen, obviamente. Pero no han conseguido tener suficiente fuerza para doblegar a los corruptos y a los iluminados mesiánicos de siempre que pululan de uno y otro lado.

Pero en medio de tanta desazón, de tanta impotencia, una luz aparece en ese horizonte. Es la de una sociedad civil, cada vez mas impaciente, “harta” de tanta hipocresía, de tanta mentira. Esa comunidad, que no sabe bien como expresarse, que participa en marchas, intenta a veces sumarse a la política, envía correos electrónicos, y difunde su visión a cuanto ciudadano encuentra a su paso, habilita aún una esperanza.

El ciudadano, sabe instintivamente que “esto no va más”, que el populismo no nos llevará a buen puerto. Solo que aún sigue deambulando en busca del mejor camino. No lo conoce, no sabe por donde encontrarlo, se debate entre los tradicionales recorridos de la política partidaria a la que detesta, preguntándose si es ese el sendero adecuado.

Otros, intentan aportar lo suyo desde donde pueden, pero saben íntimamente que todo eso es insuficiente frente al cruel aparato de la mediocridad que ofrece la dirigencia actual con un sistema monopólico de poder concentrado en los partidos.

Los mediocres no están solamente en los partidos, sino tambien en la dirigencia barrial, deportiva, en la de los sindicatos y el empresariado. Son esos que repiten las prácticas que tanto critican públicamente.

Ejercen un poder centralizado y autoritario, no aceptan el disenso y ni siquiera son fieles a sus convicciones. Se pliegan ante el poder de turno, se articulan y terminan siendo funcionales a los circunstanciales gobernantes.

Ellos saben que pueden resistir con inteligencia al “establishment”, pero no lo hacen. En definitiva practican lo mismo que dicen combatir, y por lo tanto son también parte del problema. Ellos tampoco van a cambiar la historia. Muy por el contrario, fortalecerán las raíces del poder actual, con este u otro gobierno, y con los mismos versátiles valores.

Estamos mal. Seguramente podemos estar peor, y es probable que con estos personajes que detentan el poder, profundicemos esta situación y esa sensación. Pero esa luz que ya se encendió es la del ciudadano que empieza a comprender que es EL y no otro, el protagonista. Que si asume una actitud positiva y encara las acciones adecuadas, probablemente tenga la chance de enfrentar al poder con algún éxito.

No se derriban paredes construidas de concreto, con solo soplarlas. Hace falta mucho más que estos espasmódicos intentos. Una golondrina no hace verano. Participar de alguna marcha, enojarse frente a cierta decisión política, enviar correos electrónicos, hablar con los amigos, es importante, es necesario…………… pero no es suficiente.

Nos falta dar OTRO paso. Su compromiso debe ser mayor. A lo único que teme el poder es al poder. Si los ciudadanos comprenden que los poderosos de hoy, se sostienen gracias a NUESTRA desorganización como sociedad, tal vez tengamos alguna chance.

Se trata de que intentemos pasar al siguiente escalón. Sin rendirnos, sin dejar de indignarnos frente a cada desmán del poder. Es tiempo de tomar las riendas, de entender que el poder debe estar en manos de la gente y no en los saqueadores de turno.

Debemos saberlo. Ellos no cambiarán la historia. No lo quieren hacer. Ya lo han demostrado. Les falta el coraje, la determinación, la convicción para no ser más de lo mismo. Aun los más nuevos, los que recién llegan, se pliegan con preocupante celeridad a los hábitos y rutinas de la acción política.

Tenemos que empezar a enfocarnos. Entender que ELLOS no modificarán el presente. Son parte de aquello y no tienen NINGUNA intención de modificar lo importante. Solo plantearán algunos cambios para que nada cambie. Los que están y los que pretenden estar, son parte de lo mismo. Tienen diferencias, pero solo de matices. Solo discuten sobre algunas formas, ni siquiera sobre todas. Hace falta bastante más que eso para que el rumbo sea diferente.

Por eso, esa luz que se encendió cuando la gente se animó a dar algunos primeros pasos, confrontando, perdiéndole el temor a los pseudopoderosos, allí la sociedad demostró que puede, que tiene alguna chance de recuperar el centro de la escena.

La política debe adaptarse a la sociedad y no a la inversa. Solo resta que los ciudadanos nos organicemos, retomemos la iniciativa, definamos la agenda de debate, y no que ELLOS nos digan sobre que discutir.

Nos preocupa la falta de libertad, la inseguridad, los brotes autoritarios, la ausencia de republica y federalismo, la perdida de valores, el desprecio por la propiedad privada, el embate contra los que se esfuerzan y trabajan. Aspiramos a erradicar el clientelismo, la burocracia y el desinterés por los problemas de la gente. Deseamos un Estado, mas austero, menos obsceno en sus gastos, que nos deje vivir y que permita que a la creatividad propia de la esencia humana, se le permita soñar algo mejor. Pretendemos desterrar a los mesiánicos del poder y a su maquina de impedir. No queremos más iluminados que quieran perpetuarse. Esperamos gente que de la cara, que brinde explicaciones a sus gobernados, que sea capaz de caminar por la calle, después de asumir sus cargos y se deje de esconder detrás de los autos, escritorios y alfombras que la comodidad del poder ofrece.

Nada de eso nos ofrecerán los que están. Es difícil no dudar de aquellos que quieren estar allí. No han mostrado nada demasiado diferente. Es difícil imaginar que el poder limite sus atribuciones a si mismo. Suponer que harán caer sus privilegios es realmente ingenuo. Por eso, la gente, la sociedad, debe marcar el rumbo. La política actual no puede hacerlo, no quiere hacerlo. Es tiempo de tomar las riendas.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694

Corrientes – Corrientes - Argentina

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